‘Ron’, de Blaise Cendrars

Una novela sobre la vida del aventurero y hombre de negocios Jean Galmot, una suerte de Quijote colonial de la Guayana.

Libro Ron

En el París de principios del siglo XX, cuando los movimientos de vanguardia se sucedían a un ritmo vertiginoso, encontramos muchos escritores difíciles de adscribir a uno solo ya que, generalmente, participaron de varios de ellos. Por ejemplo, el poeta Paul Éluard fue dadaísta primero y surrealista después. Otro tanto puede decirse de Louis Aragon y Philippe Soupault. Pero, sobre todo, hallamos autores que, influidos por algunos de aquellos, desarrollaron una obra enormemente original.

Uno de estos casos es el del suizo Blaise Cendrars (La Chaux-de-Fonds, 1887-1961), cuyo verdadero nombre era Frédéric Sauser Hall y que afirmaba cargar su pluma, no en tinta, sino “en el río de la vida”. Buena muestra de su audacia vanguardista es su obra ‘La prosa del Transiberiano y de la pequeña Jehanne de Francia’, un poema de dos metros de altura ilustrado por Sonia Delaunay.

Para ella, se inspiró en sus viajes por Rusia. Y es que Cendrars fue un adolescente díscolo que, ya a los veinte años, había recorrido buena parte del mundo. Claro que era un fabulador impenitente y, con él, nunca se sabe muy bien donde termina la realidad y empieza lo imaginario. En cualquier caso, fue una de las figuras destacadas del París bohemio y de vanguardia. Y también un hombre tenaz que, después de perder el brazo derecho en la Primera Guerra Mundial, aprendió a escribir con la izquierda. Entre los poemarios de esta época, destacan ‘Profundo hoy’, ‘Diecinueve poemas elásticos’ o ‘Kodak’ y también colaboró en el cine con Abel Gance.

Más tardías son sus novelas, algunas excelentes como ‘El oro’, ‘Moravaigne’ o ‘Las confesiones de Dan Yak’ (a punto estuvo de proporcionarle el Premio Goncourt). Y también ‘Ron’, aunque ésta pertenece más bien al género de reportaje literario. Porque narra la vida del aventurero y escritor Jean Galmot (1879-1928), un personaje real que amasó un gran capital en la Guayana francesa para luego ser encarcelado a consecuencia del “affaire del ron”.

Sin embargo, Galmot acusó a los grupos financieros de París de haber tramado su ruina y proclamó su inquebrantable adhesión a la Guayana, cuyo pueblo le consideraba un benefactor. Cendrars convierte en su obra a éste personaje contradictorio en una suerte de Quijote que defiende a los débiles frente al poder colonial. Su estilo es ágil, directo, como una pura representación de la propia vida. No en balde, se ha considerado al autor como uno de los máximos exponentes de la identificación entre ésta y el Arte.

Vía: Ediciones Barataria.

Foto: Amazon.

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