‘Vacilación’, de Anthony Burgess

Una parodia de la novela de espías cuyo protagonista, Denis Hillier, no puede ser más opuesto al legendario James Bond.

Muro de Berlin

Si bien su origen se remonta a los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, la novela de espionaje cobró especial popularidad tras la Segunda, cuando las peculiares circunstancias geopolíticas desencadenaron la llamada “Guerra Fría”. Destacaron, en esta etapa, autores como Graham Greene, John Le Carré, Frederick Forsyth o Ken Follet. Y, sobre todo, Ian Fleming, antiguo miembro del servicio secreto británico y creador del inimitable James Bond.

No obstante y como suele ocurrir, al tiempo que triunfaba el género, comenzaron a aparecer las parodias, novelas que imitaban sus rasgos con intención cómica. Y, entre ellas, destaca sobremanera ‘Vacilación’, del británico Anthony Burgess (Manchester, 1917-1993).

Autor de más de cincuenta libros, la trayectoria literaria de Burgess resulta curiosa: empezó a ser conocido tras la publicación de ‘La naranja mecánica’ en 1962; sin embargo, para entonces, ya tenía escritas un puñado de novelas inéditas que verían la luz tras el éxito de aquélla. Llevada al cine con mano maestra por Stanley Kubrick en 1971, ‘La naranja mecánica’ es una suerte de distopía (o utopía negativa) que muestra un mundo presidido por la violencia y la alienación del individuo a manos del Poder. Entre las novelas aparecidas posteriormente, destacan ‘Una visión de las almenas’, en la que recrea sus años de milicia durante la Segunda Guerra Mundial con tonos picarescos, o ‘The wanting seed’ -traducida como ‘La semilla necesaria’-, una nueva distopía sobre el problema del crecimiento demográfico.

Sin embargo, quizá lo mejor de Burgess se encuentre en sus relatos paródicos, en los que puede mostrar libremente su habilidad literaria y su afilada sátira social. A éstos pertenece ‘Vacilación’, cuyo protagonista es Denis Hillier, un espía británico que va a retirarse pero, antes, acepta una última misión: secuestrar a Roper, un científico que se ha pasado a los rusos y que, además, fue su amigo de la infancia.

Auténtica contrafigura de James Bond, el bueno de Hillier es un espía desaliñado y torpe que ha sobrevivido a su carrera de forma inexplicable pues lo más normal es que hubiera sido capturado. Se trata, como decíamos, de una magistral caricatura de la narrativa de espionaje. Pero ello no le impide a Burgess mostrar sus constantes preocupaciones vitales -el Bien y el Mal, la muerte o el amor- ni mantener la tensión e intriga de los mejores relatos del género. Y todo ello con un humor corrosivo que, a veces, llega a ser verdaderamente negro.

Fuente: The International Anthony Burgess Foundation.

Foto: Juan Pablo Ortiz Arechiga.

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