‘Vagones de madera’, de José María Rodríguez Méndez

Un durísimo alegato contra la Guerra, presentada como una carnicería humana, escrito con un lenguaje bronco y directo.

Portacoches

Al igual que sucedió con la narrativa, el teatro español de los años sesenta del pasado siglo atravesó una etapa de renovación. En ella participaron ampliamente los grupos de teatro universitarios como el famoso T.E.U. (Teatro Español Universitario) y, sobre todo, los dramaturgos procedentes de éstos o que colaboraron con ellos: Alfonso Sastre, José Martín Recuerda, Rodríguez Buded o Carlos Muñiz, entre otros.

Junto a los citados, comenzó a estrenar sus obras en esa época José María Rodríguez Méndez (Madrid, 1925-2009), claro que éste resulta difícilmente clasificable, pues siempre fue un solitario cuyo teatro reivindicativo y actitud permanentemente crítica lo distancia de cualquier encasillamiento. No obstante, se trata de uno de los dramaturgos españoles más brillantes de la segunda mitad del siglo XX y ha recibido varios galardones.

Entre ellos, el Premio Larra en 1964, el de Literatura Dramática en 1993 y el Max honorífico de las Artes Escénicas en 2005. Periodista y escritor, Rodríguez Méndez dio sus primeros pasos en la escena con el mencionado Teatro Español Universitario. En esta época la censura se ensañó con sus obras y apenas le permitió estrenar algunas previamente mutiladas. A esta época pertenece ‘Vagones de madera’, que ya muestra los dos rasgos fundamentales de su estilo: actitud fuertemente crítica y un lenguaje duro, incluso bronco, y directo. En ella, nos presenta a un grupo de soldados que son trasladados en tren a África para combatir en la guerra que España mantuvo allí en los años veinte de la pasada centuria.

Son personas sencillas que ignoran los motivos del conflicto y lo que se pretende con él, es decir, se trata de pura “carne de cañón” a la que se ha robado su futuro y que ni siquiera sabe por qué ni para qué lucha. Sólo comprenden que deben matar para sobrevivir. Al tiempo, se nos muestran las tensiones que surgen entre ellos. Nos hallamos, por tanto, ante un durísimo ataque a la Guerra, presentada como una carnicería humana.

Tras ‘Vagones de madera’, Rodríguez Méndez continuó estrenando. Entre sus obras posteriores, todas ellas caracterizadas por su proverbial tono crítico, destacan ‘Los inocentes de La Moncloa’, alegato contra la alienación a que se ven sometidos un grupo de opositores enfrentados a un sistema absurdo de acceso al trabajo, y ‘El círculo de tiza de Cartagena’, que nos traslada a la época del cantonalismo para satirizar con tono esperpéntico los excesos de la revolución.

Fuente: Liceus.

Foto: El de Linux.

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