Antonio Muñoz Molina, Premio Príncipe de Asturias de las Letras

El jurado, presidido por José Manuel Blecua, Director de la Academia de la Lengua, ha valorado «una obra que asume admirablemente la condición del intelectual comprometido con su tiempo».

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Aunque el rumor era incesante desde hace unos días, ayer se ha confirmado que el ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en el presente año es el escritor jienense Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956), una de las figuras más destacadas del panorama literario español. Sin restar por ello un ápice de mérito al galardonado, hacía trece años –desde que lo obtuviera Augusto Monterroso en 2000- que no se concedía a un autor en lengua castellana y pocos tan dignos de él como el autor de ‘El jinete polaco’.

De hecho, el jurado, presidido por el Director de la Academia de la Lengua José Manuel Blecua, ha resaltado, respecto de su creación, «la hondura y brillantez con que ha narrado fragmentos relevantes de la historia de su país, episodios cruciales del mundo contemporáneo y aspectos significativos de su experiencia personal. Una obra que asume admirablemente la condición del intelectual comprometido con su tiempo».

Porque Muñoz Molina representa al escritor independiente que, con la única arma de su pluma, critica todo lo que considera reprochable al margen de cabildeos políticos, sociales o literarios. Y, en efecto, sus libros, tanto los ensayísticos como los narrativos, han intentado arrojar luz sobre el mundo en que vivimos. Como novelista, se dio a conocer en 1986 con ‘Beatus ille’, publicado porque casualmente cayó en manos del poeta Pere Gimferrer, a la sazón editor de Seix Barral, que, tras leerlo, decidió sacarlo al mercado. Muchas veces Muñoz Molina ha definido aquel hecho azaroso como una lección de humildad, «porque hay mucha gente con mucho talento que no llega a nada, o llega a mucho menos».

Tras esta primera novela, publicó ‘El invierno en Lisboa’ (1987), que terminaría de consagrarlo al obtener los premios de la Crítica y el Nacional de Literatura. Narra la pasión del pianista Santiago Biralbo y Lucrecia, perseguidos por el marido de ésta, engarzada en una trama criminal de robo de obras de arte y constituye un homenaje al cine negro norteamericano y al mundo de jazz.

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También de carácter policíaco fue su siguiente novela, ‘Beltenebros’ (1988), aunque su argumento sirve para mostrar la complejidad humana de sus personajes. Darman es un antiguo oficial del ejército republicano que, exiliado, vuelve al Madrid de la posguerra para ejecutar a un «topo» infiltrado en el clandestino Partido Comunista. Una vez en la capital, emprende su búsqueda al tiempo que una atractiva meretriz intenta disuadirlo de sus intenciones. Por su parte, en ‘El jinete polaco’ (1991), recupera el escenario de Mágina (trasunto de su Úbeda natal), ya utilizado en ‘Beatus ille’, para construir una suerte de historia del lugar -símbolo de toda España- a lo largo del siglo XX, con una brillantez de estilo magistral.

Tras varios libros de ensayo y una novela corta, ‘El dueño del secreto’, donde narra una conspiración contra Franco, publicó ‘Ardor guerrero’, memoria de sus años de servicio militar. Y, poco después, ‘Plenilunio’, en la que, de nuevo a través de una trama policíaca, ahonda en la mentalidad de sus personajes y reflexiona sobre los años del tardofranquismo y la transición española. La crítica ha considerado esta novela como la gran creación de madurez de Muñoz Molina. En fin, sería muy largo enumerar toda la obra del escritor jienense. Imprescindible es citar también ‘Sefarad’, una defensa de los marginados y oprimidos, o ‘La noche de los tiempos’, relato que medita sobre la Segunda República y la Guerra Civil española. Incluso ha reflexionado sobre la situación actual en el reciente libro ‘Todo lo que era sólido’, donde nos invita a exigir responsabilidad cívica a nuestros políticos pero también a nosotros mismos. Se trata, en suma, de una abundante creación presidida por principios éticos y una excepcional calidad literaria. Como decíamos, pocos habrá más cualificados para recibir el Príncipe de Asturias de las letras que Muñoz Molina.

Fuente: El País
Fotos: Nacho y Martín Varsavsky.

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