‘El talisman’, una zarzuela perdida de Bécquer

El libreto, escrito junto a su amigo Luis García Luna, fue un encargo del compositor Joaquín Espín, padre de Julia, la musa del poeta sevillano.

Glorieta de Becquer, Sevilla

Si hoy es difícil vivir de la Literatura, podemos imaginarnos como sería hace ciento cincuenta años y, mucho más, si el género que se cultivaba era la poesía, que ha sido siempre -entonces y ahora- minoritaria donde las haya. Pensemos ahora en Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836-1870), casado, con hijos y sin un empleo estable en Madrid.

Al margen de sus excepcionales ‘Rimas’ y sus no menos excelentes ‘Leyendas’ en prosa, se vio en la obligación de escribir textos menores para poder ganar algo de dinero. Por ello, no es de extrañar que, de vez en cuando, aparezcan obras de su pluma cuya existencia se ignoraba o que se hallaban en paradero desconocido.

La última ha sido el libreto inacabado de una zarzuela titulada ‘El talismán’. Pero, además, la pieza tiene su historia. Porque la escribió junto a su amigo Luis García Luna para el compositor Joaquín Espín y éste no era otro que el padre de Julia Espín, la mujer que fue su musa y que le rechazó por disgustarle su vida bohemia y sus escasos recursos económicos. El texto, de cuyo paradero nada se sabía, ha sido recuperado por un bibliófilo madrileño llamado Manuel Vázquez de la Plata, quien, al parecer, lo halló en una librería de viejo.

Son varias cuartillas manuscritas, algunas del citado García Luna y otras de Bécquer, acompañadas de la partitura. Las pertenecientes al poeta sevillano han sido verificadas por Jesús Rubio Jiménez, gran experto en su obra, con ayuda de un perito calígrafo.

‘El talismán’ está ambientada en el París del siglo XVIII y cuenta con los habituales enredos de este tipo de piezas. No fue ésta la única zarzuela que ambos escribieron. De hecho, para sobrevivir, redactaban comedias y libretos para distintos músicos como ‘La ventana encantada’, ‘Tal para cual’ o ‘Las distracciones’. Eso sí, lo hacían con pseudónimo para que no se confundieran con sus obras más trabajadas. El más habitual de éstos era «Adolfo García».

Vía: ‘El País’.

Foto: Mario Modesto Mata.

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