Lêdo Ivo, poeta de la vida cotidiana

El pasado día veintidós de diciembre falleció en Sevilla a los ochenta y nueve años el poeta brasileño Lêdo Ivo, uno de los principales representantes de la llamada Generación de 1945. Autor de una vasta obra, su creación está dedicada a hablar sobre la vida diaria y a reflexionar acerca de la condición humana.

Vista de Maceió

Una vista de Maceió, donde nació Lêdo Ivo

A diferencia de lo sucedido en otros países de América Latina, el Modernismo brasileño es más tardío y presenta rasgos propios. Surge a principios de la década de los veinte como fruto de la absorción de elementos de las vanguardias europeas anteriores a la Primera Guerra Mundial, que se amalgaman con los propios de la cultura carioca. Entre sus figuras, es imprescindible citar a Jorge Amado o Carlos Drummond de Andrade.

Sin embargo, escritores posteriores a ellos se propusieron superar aquella corriente anárquica volviendo a los principios literarios de disciplina y orden. Son los que se incluyen en la llamada Generación de 1945 y, entre ellos, se hallaba Lêdo Ivo, que, según ha trascendido a los medios, murió anteayer en la ciudad de Sevilla, donde pensaba pasar las navidades, a la edad de ochenta y nueve años.

Considerado una de las principales figuras de las letras brasileñas actuales y uno de los miembros más destacados de la citada generación, Lêdo Ivo (Maceió, Halagaos, 1924-2012) cultivó la narrativa y el ensayo pero sobre todo es reconocido como poeta. Su amplio legado literario retrata la vida diaria al tiempo que bucea en los recovecos de la condición humana. Como prosista, destacan sus novelas ‘Las alianzas’ y ‘Niño de cobras’, su libro de crónicas ‘La ciudad y los días’ y sus memorias tituladas ‘Confesiones de un poeta’. Y, entre su abundante obra lírica, ‘Las imaginaciones’, ‘Oda y elegía’, ‘El rumor de la noche’ o ‘Plenilunio’, último libro que publicó.

Una vasta creación que le reportó numerosos premios como el Casa de América o el Rosalía de Castro. Además, pertenecía a la Academia Brasileña de las Letras. Precisamente su presidenta, Ana María Machado lo recordaba de esta manera al conocer la noticia: “Gozaba de una vitalidad asombrosa para sus casi noventa años y su frágil salud. Hablaba alto, le gustaba la buena mesa y se esmeraba en contar historias divertidas”.

Admirador de los grandes clásicos españoles, sentía especial predilección por Antonio Machado y, en palabras de su hijo Gonçalo: “Era consciente de que la muerte le acechaba pero no quiso marcharse sin pisar por última vez la tierra de Góngora y Quevedo”. Tras ser incinerados en Sevilla, sus restos serán trasladados a Brasil, donde recibirán sepultura en el mausoleo de la citada Academia Brasileña de las Letras, en el cementerio Saö Joaö Batista de Río de Janeiro. Descanse en paz.

Fuente: ‘ABC’.

Foto: Galería do Bem.

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