La desconocida poesía de Marcel Proust

El escritor francés Marcel Proust ha pasado a la Historia de la Literatura por su monumental obra ‘En busca del tiempo perdido’. Sin embargo, también cultivó la poesía y sus composiciones han sido recopiladas ahora por vez primera en un volumen que publica la editorial Cátedra en castellano.

'Tiempo recobrado'

'Tiempo recobrado', uno de los libros que conforman 'En busca del tiempo perdido'

Al margen de anécdotas más o menos tópicas como la de la famosa magdalena, el galo Marcel Proust (Auteuil, París, 1871-1922) ha pasado a la Historia de la Literatura como uno de los grandes renovadores de la narrativa contemporánea al tiempo que como uno de los escritores más peculiares que han existido. Porque la lectura de su magna ‘En busca del tiempo perdido’, además de un extraordinario placer estético, nos deja la sensación de que escribía para sí mismo, para recordar los pasajes felices de su infancia.

Enfermizo desde niño, Proust era de familia adinerada y ello le permitió consagrarse a su vocación literaria sin ocuparse de cuestiones laborales. Así, con veinte años, fundó su primera revista, ‘Le Banquet’, y cinco después publicó su primera obra literaria. Claro que hubo de costear su edición él mismo, ya que nadie quería hacerlo. Se trataba de ‘Los placeres y los días’, una colección de artículos y crónicas sobre temas variados con cierto toque decadentista en la línea de algunos textos de Óscar Wilde.

El fracaso de esta obra no desanimó a Proust y, aunque el primer volumen de ‘En busca del tiempo perdido’ no apareció hasta 1913, hoy sabemos que, entretanto, no estuvo inactivo, pues escribió otra novela titulada ‘Jean Santeuil’, descubierta en 1952 y que cuenta con la nada escasa cifra de unas mil páginas. Bien es cierto que, comparadas con las aproximadamente cinco mil de su principal obra parecen pocas y que nada tiene que ver la calidad de un texto literario con el número de páginas que lo conforman. Pero ello adquiere relevancia si pensamos que en ninguna de ambas novelas ocurre nada, prácticamente carecen de acción, y esto nos lleva a uno de los principales rasgos de la obra proustiana.

Porque leer a Proust es, probablemente, una experiencia distinta a hacerlo con cualquier otro escritor. Cuando leemos una narración, esperamos encontrar una trama coherente y emocionante pero nada de eso hay en las del francés. Leer a Proust es, sobre todo, una experiencia estética consistente en gozar de anécdotas y descripciones minuciosas y magistralmente escritas –como la de la magdalena citada- que nos transportan al lugar que se muestra o nos hacen sentir en las manos el objeto descrito poniendo en funcionamiento todos nuestros sentidos, desde el olfato hasta el oído. Sus paisajes nos permiten oler las flores frescas del campo, recibir la brisa del verano y sentir su calor.

Boulevard Haussmann (París)

Boulevard Haussmann (París), en una de cuyas viviendas se encerró Proust para crear su obra

Todo ello es ‘En busca del tiempo perdido’ y no de otro modo puede emprenderse la lectura de sus largos y macizos párrafos plagados de frases subordinadas hasta el máximo y de sus densos capítulos. Y, así entendidos, los siete volúmenes que componen la obra constituyen una creación magistral e inigualable. Sin embargo, hay otra faceta de Proust que, hasta hace escaso tiempo, era poco conocida: la de poeta. Ahora, coincidiendo con el nonagésimo aniversario de su muerte, la editorial Cátedra la ha agrupado en un libro.

Y no ha podido ser tarea fácil, pues el francés no era un poeta y sus composiciones se hallaban disgregadas en diferentes textos. Por ello, habían visto la luz de manera fragmentaria e incompleta pero nunca en una recopilación. Así lo expresa Santiago R. Santerbás, responsable de la edición, al tiempo que nos describe su contenido: «No se puede hablar de poesía proustiana como de un conjunto uniforme, constante y susceptible de clasificación. Los primeros versos y los Retratos de poetas y músicos responden quizás a una sincera e ingenua vocación poética. Los restantes, inéditos, son de muy variada índole. Incluso finalmente rechaza el clasicismo parnasiano y presenta esquemas a lo Baudelaire y Verlaine. O simples juegos versificados sin pretensión alguna». En cualquier caso, los admiradores de Proust no se sentirán defraudados con este libro.

Fuente: ‘ABC’.

Fotos: Voxtheory y Moe.

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