‘La romana’, de Alberto Moravia

Publicada en 1947, ‘La romana’ es un buen ejemplo del Neorrealismo literario y a la vez destaca por la capacidad de Moravia para penetrar en la psicología de sus personajes.

Imagen de Roma
Suele considerarse al Neorrealismo italiano un movimiento fundamentalmente cinematográfico que comienza tras la Segunda Guerra Mundial y que se caracteriza por presentar tramas de ambiente urbano protagonizadas por los más humildes, para mostrar su difícil situación económica y moral. Pero también se dio en la Literatura con idénticos rasgos e incluso antes que en el séptimo arte a través de escritores como Elio Vittorini o Ítalo Calvino (en su primera etapa).

Y junto a ellos, Alberto Moravia (Roma, 1907-1990) con novelas como ‘La romana’. Escritor autodidacta, se formó gracias a sus lecturas de los clásicos durante la larga enfermedad que lo mantuvo postrado en cama desde los nueve hasta los catorce años. Se dio a conocer con ‘Los indiferentes’, una dura sátira de la apatía vital de la alta burguesía, clase social de la que él mismo formaba parte.

Gracias al éxito obtenido con esta obra, en 1930 comienza a trabajar para ‘La Stampa’, a la sazón dirigida por Curzio Malaparte, y para otros diarios. Sin embargo, la publicación de su segunda novela, ‘La mascarada’, le trajo problemas con el régimen fascista, ya que en ella satirizaba a las dictaduras, aunque centrando su ironía en las sudamericanas. Tras la guerra, trabaja como periodista para el ‘Corriere della Sera’, al tiempo que continúa con una infatigable labor literaria: en tres años, publica otras tantas novelas, ‘La romana’, ‘La desobediencia’ y ‘El amor conyugal’. Posteriormente, siguió publicando a buen ritmo al tiempo que intervenía en cuestiones de política internacional.

‘La romana’ es un amplio retrato de la vida en la capital italiana en los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial. El título alude a su protagonista, Adriana, una joven que trabaja posando desnuda para un pintor al tiempo que se prostituye. En torno a ella giran Giacomo, un estudiante con ínfulas revolucionarias que rechaza estar enamorado de la muchacha, Astarita, un siniestro oficial de la policía secreta, y Sonzogno, un vulgar criminal que considera a Adriana como si fuera de su propiedad.

Éstos, junto a otros personajes secundarios, conforman un microcosmos que refleja una dura crítica de la sociedad italiana de la época y, en sentido más amplio, de la europea en general, a la que Moravia consideraba alienada y hedonista. Al mismo tiempo, la psicología de los personajes está muy bien desarrollada. Todo ello conforma una de las novelas más importantes de la literatura transalpina del siglo XX.

Fuente: Kirjasto.

Foto: Ho visto nina volare.

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