‘Banderas negras’, de August Strindberg

Una polémica novela en la que el escritor sueco arremete contra sus colegas del mundo literario en particular y artístico en general.

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Antes de que la novela policíaca nórdica nos invadiese, tan sólo dos escritores suecos habían adquirido fama universal. Una fue Selma Lagerlöf, primera mujer en recibir el Premio Nobel de Literatura y autora de ‘La saga de Gösta Berling’ y, sobre todo, de ‘El maravilloso viaje de Nils Holgersson’, una historia infantil que aún hoy es lectura obligatoria en todos los centros de enseñanza suecos. Y el otro fue August Strindberg (Estocolmo, 1849-1912), novelista, dramaturgo y figura polémica donde las haya.

Tras comenzar varias carreras universitarias y no terminar ninguna, Strindberg desempeñó los más diversos trabajos hasta, finalmente, asentarse como periodista. Al tiempo iniciaba una prometedora trayectoria como autor dramático cuando el Teatro de Estocolmo estrenó su obra ‘A Roma’.

No obstante, sería su novela ‘El cuarto rojo’ la que le consagrase como escritor. Y también la que diese lugar a la primera gran polémica en que se vio envuelto, ya que era una corrosiva sátira de las instituciones suecas de entonces. Desde aquel momento, alternaría la narrativa y el género teatral. Dos etapas suelen distinguirse en su producción: una primera de carácter naturalista a la que pertenecen dramas como ‘El padre’, ‘La fuerte’ o ‘La señorita Julia’, el mejor de todos ellos; y una segunda de tipo simbolista y expresionista más productiva en la que, además de varias novelas como ‘Inferno’ (donde describe su caída en la psicosis), estrena piezas dramáticas de gran modernidad que lo convierten en una de las principales figuras de la dramaturgia contemporánea: ‘El sueño’, ‘Espectros’ o ‘La danza de la muerte’.

En cuanto a ‘Banderas negras’, es la última novela que escribió y no sería exagerar decir que se trata de un ajuste de cuentas con sus propios colegas literatos. Y es que el mismo título alude a los grandes personajes de la cultura, a quienes califica de “abanderados miserables de una era podrida”.

Falkenströn, trasunto de Strindberg, intenta alejarse de los escritores y artistas de Estocolmo que, en forma de caricaturas grotescas, pueblan la novela y que viven tan sólo para devorarse unos a otros. Personajes dominados por la envidia y la hipocresía que cimentan su fama en el oportunismo y la falsedad. No hace falta decir más para mostrar que esta suerte de testamento literario de Strindberg es un demoledor ataque al mundo intelectual sueco de su tiempo. De hecho, su publicación provocó una enorme polémica en medios periodísticos, una más de las que vivió el escritor.

Vía: ‘El Poder de la Palabra’.

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