Bouvard y Pécuchet, la obra póstuma de Gustave Flaubert

Gustave Flaubert compone, junto a Balzac y Stendhal, la tríada de grandes novelistas del Realismo decimonónico en Francia. Su más genial creación es Madame Bovary, obra que le costó un proceso por escándalo público del que salió absuelto. Por su parte, en Bouvard y Pécuchet, realiza una sátira contra la Ciencia mal entendida.

En febrero de 1857, un tribunal de París absolvía a un escritor que había sido procesado por escándalo público a causa de una de sus novelas. Ésta era Madame Bovary y el autor, evidentemente, Gustave Flaubert (Rouen, 1821-1880).

Pese al éxito que había obtenido la obra, no debió ser fácil para él, obsesionado con la perfección literaria, que su creación hubiera de atravesar esas vicisitudes. Porque Flaubert, a diferencia de los románticos, que se complacían en escandalizar, era un burgués provinciano que se hallaba en las antípodas de la marginalidad.

Foto de Rouen

Una vista aérea de Rouen, ciudad natal de Flaubert

Integrante, junto a Honoré de Balzac y Stendhal, de la tríada de grandes novelistas del Realismo francés, el escritor gozaba de una independencia económica que le permitía dedicarse en exclusiva a la creación literaria.

Sin embargo, su obra, si por ejemplo la comparamos con la del citado Balzac, es más bien escasa: apenas un puñado de novelas y algunos otros escritos dispersos. Ello no se explica por pereza sino por su exagerado sentido de la perfección del cual nos ha dejado testimonio uno de sus grandes discípulos: Guy de Maupassant.

En palabras de éste, “obsesionado por la creencia de que sólo existe una manera de expresar una cosa y un vocablo para decirla, un adjetivo para calificarla y un verbo para animarla, se entregaba a esta labor para descubrir a cada frase esta palabra, este epíteto y este verbo”.

No es de extrañar, por ello, que sus creaciones sean verdaderas obras maestras desde una perspectiva literaria. No obstante, también lo son desde un punto de vista psicológico.

De hecho, cuando se publicó Madame Bovary, los lectores no podían creer que estuviese escrita por un hombre, tal era el acierto con que Flaubert había sabido penetrar en el alma femenina. No en balde, él mismo había manifestado “Madame Bovary soy yo”.

Por su parte, Bouvard y Pécuchet es su obra póstuma, pues fue publicada incompleta al año siguiente de su muerte.

Los personajes que dan título a la novela son dos oscuros oficinistas cuyas vidas muestran un asombroso paralelismo. De pronto, Bouvard recibe una herencia que permite a ambos amigos retirarse al campo para hacer lo que realmente les gusta: dedicarse a estudiar y experimentar con las distintas ciencias. Sin embargo, fracasan en todo lo que emprenden.

Tras este argumento, no es difícil identificar una sátira contra la Ciencia mal entendida, es decir, contra aquéllos científicos que creen que todo se puede explicar con su disciplina y que todo está ya descubierto.

Se trata, por tanto, de un relato burlesco acerca de estas tendencias de la Ciencia. Pero ello no es obstáculo para que en la obra brille igualmente la calidad literaria del genial escritor que fue Gustave Flaubert.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: On Line Literature.

Foto: Rouen: Zigazou 76 en Flickr.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...