Carmen, de Prosper Merimée, pasiones en la España romántica

Como otras naciones, España tiene sus virtudes y defectos pero no se merece la sarta de tópicos que el Romanticismo y corrientes posteriores han vertido sobre ella. Uno de los responsables de ello fue Prosper Merimée con su novela ‘Carmen’, cuya protagonista se ha convertido en un mito universal.

Es indudable que España, como otras naciones, tiene sus virtudes y sus defectos. Pero también lo es que no se merece la sarta de tópicos que los extranjeros, especialmente los franceses, han vertido sobre ella. Bastante culpa de esto la tiene el Romanticismo, que la convirtió en prototipo de país romántico aunque también debe agradecerse a ese movimiento la recuperación de buena parte de nuestro teatro del Siglo de Oro, merced a los esfuerzos de los teóricos alemanes, que lo admiraron profundamente, en especial a Calderón de la Barca.

Entre los responsables de esa visión tópica de España, es inevitable citar al francés Prosper Merimée (París, 1803-1870), bien es cierto que de forma involuntaria, pues la visitó en varias ocasiones y se enamoró de ella. Hombre de enorme cultura y aficionado a la Historia, halló en la Península ibérica todos los elementos de su agrado: un país con estructuras pretéritas, un pueblo desenfadado y alegre, apasionamiento y algunas figuras del gusto romántico como, por ejemplo, el bandolero, una figura al margen de la sociedad que trataba de hacer justicia a su modo robando a los ricos para ayudar a los pobres.

foto de una representación de 'Carmen'

Una representación de la ópera 'Carmen'

Como quiera que fuese, al interés romántico por España debe Merimée gran parte de su fama. Más concretamente, a una novela no muy extensa que tituló ‘Carmen’ y que, tras su enorme éxito, fue convertida en ópera por Georges Bizet agrandando aún más su leyenda. Cuenta la historia de José Lizarrabengoa, un militar que se enamora perdidamente de una gitana llamada Carmen. Su pasión lo arrastrará a abandonar el ejército y unirse a un grupo de bandoleros con cuyo cabecilla, “el Tuerto”, la gitana está casada.

Impulsado por los celos, José lo mata pero con ello no terminan sus problemas, pues Carmen, mujer que no gusta de ataduras, juega con él y se relaciona con otro hombre, esta vez un torero llamado Lucas. Como vemos, la obra contiene muchos elementos del gusto romántico: un país diferente y exótico, una mujer de raza gitana que constituye un personaje fuerte, bandoleros o toreros.

Probablemente la España real de entonces tenía poco que ver con la retratada por Merimée pero éste supo calar profundamente en los gustos de los lectores de la época. Además, la obra está bien escrita, con un estilo refinado y culto pero también sobrio y contenido. De no ser por esta novela, Merimée, que era un estimable escritor, probablemente no hubiera pasado de una discreta segunda fila en el Parnaso literario de su tiempo.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Culture France.

Foto: Knight Foundation.

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