El Candelabro Enterrado de Stefan Zweig

El Candelabro enterrado de Stefan Zweig nos devuelve a una época recordada como es el imperio romano, a la importancia de los bienes materiales y las creencias religiosas del momento.

El Candelabro Enterrado

Carátula del libro El Candelabro Enterrado

La importancia de un objeto sagrado dentro de una cultura se pone de relevancia con esta obra del judío Stefan Zweig. La impronta de recuperar lo que es propio es el elemento de trasfondo de esta historia

El Candelabro enterrado
, de Stefan Zweig, remite a una historia sucedida en los tiempos en los que el Imperio Romano cubría todo el mundo conocido sobre la tierra. La historia, cual círculo, nos hace retornar a un punto de inicio, apelando al recurso de la recuperación de un objeto material con atribuciones divinas para el pueblo y los fieles cristianos de la primera época de la era que actualmente vivimos.

La historia se sitúa cuando el Papa Leo era el vicario de Dios y Máximo el emperador romano, y en la Roma de su tiempo el circo romano seguía vigente. En este contexto, en un día de festividad normal en el imperio, los vándalos, encabezados por Genserico, entran a Roma y saquean buena parte de los tesoros que se encontraban dentro de la ciudad.


Entre los objetos llevados por los vándalos (bárbaros) a sus tierras, se encuentra un candelabro dorado de siete brazos que era más que un simple objeto material. Era un candelabro sagrado, llamado la “La Menorah”. Este es el centro de la novela del austriaco Zweig.

El autor de la novela fue un judío nacido en las postrimerías del siglo XIX, y vivió  en la convulsionada época de  las dos guerras mundiales, así como el régimen del nacional socialismo alemán: las atrocidades del partido nazi, que lo condujeron a inmiscuirse más en su interior y descubrir su origen como judío.

Este factor es importante para entender El Candelabro Enterrado, ya que si bien el contexto y los personajes de la novela son cristianos, el candelabro de siete brazos es una herencia de la tradición y religión judía.

El candelabro es robado, y el último que es testigo de su presencia en tierras de dominio romano es un niño de 7 años. Es este mismo, quien 87 años después, ya convertido en hombre y curtido por la experiencia de la vida, recupera el candelabro para la tierra que es resguardada por la cruz.

Como vemos en este punto, la función de los números tiene importancia para el autor: siete es el número de la perfección, y así como en el séptimo sello dado en el cielo, todo lo que lleva este número posee un elemento divino y especial.

La obra es un símbolo de la cultura del presente, con la que el autor pretende mostrar la necesidad de un retorno a una vida sin tantas prisas y dificultades.

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