‘El doctor Lerne’, de Maurice Renard

Un científico loco que realiza aberrantes experimentos con distintas especies de la Naturaleza pero sólo consigue crear monstruos.

Castillo de Niedzica

Al margen de algunos pioneros y sin olvidar la genial personalidad de Edgar Allan Poe, suele considerarse fundadores de la narrativa fantástica y de ciencia ficción al francés Julio Verne y al británico Herbert George Wells. Y precisamente en la estela de éstos tres se sitúa otro autor galo que, sin embargo, no ha tenido tanto reconocimiento póstumo (bien es cierto que tampoco poseía el mismo talento que ellos).

Se trata de Maurice Renard (Châlons-sur-Marne, 1875-1938), un abogado con gran afición a leer a los grandes clásicos de la fantasía y el terror. Siendo joven, descubrió las obras de Poe en la traducción que de ellas hiciera Charles Baudelaire y, poco después, a Ernst Theodor Amadeus Hoffman y los románticos alemanes.

Pero no se circunscribieron solo a éstos sus gustos. Admirador de Víctor Hugo, escribió una obra juvenil para homenajearle. Y es que Renard poseía una vasta cultura literaria. En esta primera etapa de su producción se dedicó preferentemente al teatro, con piezas como ‘La langosta’, que lleva el curioso subtítulo de «Boutade patológica en un acto y seis alucinaciones». No obstante, las verdaderamente valiosas son sus novelas de madurez. Entre éstas, la inicial fue ‘El doctor Lerne, imitador de Dios’, escrita bajo la inspiración de ‘La isla del doctor Moreau’ del citado Wells, al que, probablemente, supera en humor negro pero también en tono folletinesco.

Nicolás Vermont vuelve al castillo de Fonval con objeto de visitar a su tío, el científico Frédéric Lerne. Sin embargo, éste parece haberse vuelto loco pues, ayudado por un grupo de colaboradores, realiza horribles experimentos basados en combinar especies de los diferentes reinos de la Naturaleza por medio de injertos. El resultado no pueden ser sino criaturas horribles, verdaderos monstruos. Además, tiene prisionera a la joven Emma, de la que el protagonista se enamorará de inmediato proponiéndose rescatarla.

Siguiendo al propio Renard, la novela podría calificarse como «científica-maravillosa», pues ésta era la denominación que él mismo daba a sus obras. Entre ellas, destacan igualmente ‘Las manos de Orlac’, en la que se trasplantan las extremidades superiores de un asesino a un pianista que así se convierte en criminal; ‘Un hombre entre los microbios’, que se halla entre los primeros relatos que tratan sobre la miniaturización, o ‘El hombre falso’, donde una persona ciega recibe el injerto de unos ojos que se comportan de una forma extraña. Fue, en suma, Renard un maestro de la fantasía terrorífica y un escritor sumamente original.

Fuente: ‘La bestia equilátera’.

Foto: Elescir.

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