‘El farsante feliz’, de Max Beerbohm

Popular caricaturista y escritor, Beerbohm nos presenta la cómica historia de un “calavera” perdidamente enamorado.

Rapallo - Italia

La sociedad de la Inglaterra victoriana era realmente peculiar por sus costumbres y modos de vida. Entre sus singularidades se hallaba la figura del dandy, ese personaje cuidadoso con su aspecto y de gustos aristocráticos que, al tiempo, destacaba por su ingenio mordaz en las reuniones sociales. Su mejor exponente fue el escritor Óscar Wilde pero, en buena lógica, hubo otros muchos.

Entre ellos, hallamos a Max Beerbohm (Londres, 1872-1956), amigo personal de aquél, con el que coincidió en sus años de Oxford, e igualmente escritor. Precisamente en su época de estudiante comenzó a realizar caricaturas y, con el tiempo, ganaría con ellas tanta fama como con sus obras literarias.

Tanto en unas como en otras satirizaba amablemente las actitudes rebuscadas y pedantes de sus correligionarios en el dandismo y de la sociedad londinense en general. Sus primeras caricaturas aparecieron publicadas en la revista ‘The Strand Magazine’ y rápidamente se hicieron populares, sin duda, porque muchos veían reflejadas en ellas a sus conocidos. Seguiría publicándolas durante toda su vida. En cuanto a su obra literaria, Beerbohm fue un escritor famoso en su época por su sentido del humor. En ella, destaca una novela titulada ‘Zuleika Dobson’, donde satiriza la vida estudiantil de Oxford, y la colección de relatos ‘Siete hombres’ en la que se incluye ‘Enoch Soames’, considerado una obra maestra por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, quiénes lo incluyeron en su ‘Antología de la literatura fantástica’. Narra la historia de un mediocre poeta que, con objeto de pasar a la posteridad, llega a un pacto con el Diablo.

Anterior a éstas es ‘El farsante feliz’, subtitulado “Un cuento de hadas para hombres casados”. Lord George Hell es un impenitente mujeriego y jugador. Sin embargo, sus inclinaciones cambian cuando conoce a Jenny Mere, joven bailarina de la que cae perdidamente enamorado. Le propone matrimonio pero ella lo rechaza argumentando que sólo se casará con un hombre que posea cara de santo.

Ni corto ni perezoso, el aristócrata decide ponerse una máscara para convencerla. Lo que aún no sabe es que la careta tiene un peculiar poder benéfico. Se trata, en suma, de un relato cómico cargado de ironía amable. Max Beerbohm pasó sus últimos años en Rapallo (Italia), dedicado a pintar y escribir más como un entretenimiento que como trabajo. De su fama nos da idea el hecho de que allí fue visitado, entre otros, por el famoso escritor norteamericano Thomas Wolfe.

Fuente: Editorial Acantilado.

Foto: Reservas de coches.

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