El humor como herramienta para narrar una historia

En Un mundo para Julius, Bryce Echenique logra un ambiente familiar para el lector, cercano, a pesar de la realidad lejana para muchos, gracias a su narración llena de ironía y sarcasmo.

Alfredo Bryce Echenique

Alfredo Bryce Echenique

Julius es un niño de la clase alta de Lima. Es un niño muy pequeño aún pero ya sabe lo que es jugar en un carruaje dorado en el que alguna vez se paseó su abuelo, un ex presidente del Perú. Nada menos. Y no tiene ni 4 años.

La historia que uno de los mayores narradores peruanos del siglo XX nos pone frente a los ojos es una especie de imagen del Perú. Cuál de todos, pues difícil de saber, pues aunque Julius pertenece a una realidad dorada, soñada, de casas grandes, en la avenida Salaverry, clásica avenida de gente de dinero, su afán, aún más, su desconcierto hacia ese mundo es grande.

Dentro de la historia, se va tejiendo una especie de relación entre lo que sucede en la casa y con la familia del niño Julius, y de la –digamos- realidad alterna que se va sucediendo cerca de este entorno pero sin pertenecer a él.


A ese entorno, lejano pero no del todo, como una voz inconsciente que se filtra desde lo más hondo, desde lo más bajo, desde otros rincones de la ciudad, en ese entorno, es en el que Julius piensa muy seguido, casi demasiado para ser un niño y de su estilo de vida.

Una de las mayores virtudes de Bryce Echenique en esta obra es su lenguaje de humor. La ironía es su fuerte, y hace del absurdo de algunas situaciones lo más jocoso de la obra. El contrapunto semántico entre situaciones y sus narraciones contribuyen enormemente para que el lector se enfrasque, casi deleitado, a su relato.

Este recurso, el del humor, es un hecho que se encuentra muy presente entre los narradores peruanos. Un ejemplo grande es Julio Ramón Ribeyro, que con sus prosas hacía que los lectores tengas las emociones más diversas. Y ya dentro del plano actual, una imagen de este prosa irónica es la que desarrolla el también periodista Jaime Bayly.

El hilo que conduce la historia, y por ende los pensamientos de Julius, se empieza a torcer poco a poco conforme Julius crece, y este es envuelto por todo lo que siempre había visto de lejos, pero que al fin y al cabo se encontraba en su vida: es la realidad que vive la que no lo deja salir de ella, y la que después de todo lo sigue consternando, por sus estilos, por sus miedos, por  formas de ver el mundo.

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Foto: Alfredo Bryce Echenique de M.Livia en Wikimedia

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