‘El Nabab’, de Alphonse Daudet

Una novela de costumbres (y corrupción) parisinas a cargo del genial creador del aventurero Tartarín de Tarascón.

Castillo de Tarascon

Cuando se coincide con un monstruo de la Literatura que además desarrolla toda una escuela narrativa, es difícil sustraerse a su influencia. Algo así sucedió en las letras francesas con la figura de Emile Zola, creador del Naturalismo y que formó en tono a sí un grupo de discípulos como Guy de Maupassant, Joris-Karl Huysmans, Henri Ceard o León Hennique (bien es cierto que algunos de ellos más tarde se distanciaron del maestro para seguir su propio rumbo).

Sin embargo, en ese contexto, hubo un novelista que prefirió mantenerse al margen de la moda. Era Alphonse Daudet (Nimes, 1840-1897) y, si bien se vio influido por el Naturalismo, sus obras no pueden encuadrarse en tal corriente literaria porque en ellas, lejos de hallar pesimismo y leyes deterministas, encontramos una profunda ternura, humanidad y vitalismo.

Como todo el que deseaba triunfar en las letras, Daudet se trasladó a París con sólo diecisiete años. Allí se abrió camino con el libro de poemas ‘Las enamoradas’ y con algunas piezas teatrales al tiempo que trabaja como secretario del duque de Morny. Pero sería en 1866 cuando obtendría el éxito con una colección de relatos, ‘Cartas desde mi molino’, inspirados en la vida de su Provenza natal. Ya popular, alcanzaría la cima de su prestigio con la novela que lo ha hecho inmortal: ‘Tartarín de Tarascón’, cuyo protagonista es una suerte de Quijote a la francesa, fanfarrón y cándido a la vez.

Tal fue su éxito que Daudet se vio obligado a escribir dos relatos que continuaban sus andanzas: ‘Tartarín en los Alpes’ y ‘Port-Tarascón’. Sin embargo, al tiempo que esta famosa saga, el autor galo escribió algunas novelas de costumbres parisinas que quizá sean lo más próximo al Naturalismo de toda su obra. Entre ellas se encuentra ‘El Nabab’, publicada en 1877. En ésta narra la historia de Bernard Jansoulet, un personaje que llega al París del Segundo Imperio tras haber hecho fortuna en Túnez. Toda la alta sociedad se lo disputa y consigue ser diputado por Córcega gracias a sus relaciones. Pero, como otros recientes aristócratas, su ascenso social será tan rápido como su caída.

No puede decirse que Daudet se halle cómodo escribiendo sobre intrigas aristocráticas. Donde realmente lo estaba era tratando temas relacionados con las gentes sencillas de su tierra natal, a veces con ternura y otras con humor. Por ello, ‘El Nabab’ no se encuentra entre lo mejor de su producción.

Fuente: Kirjasto.

Foto: Wolfgang Staudt.

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