‘El santo’, de Conrad Ferdinand Meyer

La vida de Thomas Becket, Arzobispo de Canterbury que se enfrentó al mismísimo Rey Enrique II de Inglaterra durante la turbulenta Edad Media.

Tomas Becket

La Edad Media fue un periodo histórico tan largo como convulso. Guerras entre señores feudales, entre éstos y los reyes y luchas por el poder absoluto se suceden en aquellos siglos. Quizá por ello, es una época apasionante para el historiador y también para el novelista, que puede encontrar en ella los más variados argumentos repletos de pasiones, intrigas, envidias, traiciones y crímenes. Fueron los escritores del Romanticismo los primeros en darse cuenta de ello.

En lo que a las letras germanas se refiere, uno de los más destacados cultivadores de este género de narrativa histórica fue el suizo Conrad Ferdinand Meyer (Zurich, 1825-1898), que también escribió en francés y que, como tantos otros literatos del XIX, viajó por media Europa.

Como fruto de su estancia en Italia, desarrolló una gran admiración por el arte clásico y el renacentista, en especial por la figura de Miguel Ángel Buonarroti, al que dedicó un ciclo de poemas titulado, precisamente, ‘Michelangelo’. Y es que Meyer inició su carrera literaria como lírico para llegar, más tarde, a la novela. A esta primera época pertenecen sus ‘Veinte baladas de un suizo’ y las epopeyas en verso ‘Los últimos días de Hutten’ y ‘La montaña del Ángel’. Como narrador, fue un maestro de la nouvelle o novela corta. Las dos primeras que escribió, ‘El disparo desde el púlpito’ y ‘Plauto en el convento de monjas’ poseen un tono humorístico. Ya plenamente serias y de carácter histórico son ‘El amuleto’, ‘La tentación de Pescara’ o ‘El paje de Gustavo Adolfo’.

Por su parte, en ‘El santo’ recrea la vida de Thomas Becket, el mentor del Príncipe de Gales que, una vez nombrado Arzobispo de Canterbury, se enfrentó al mismísimo Rey Enrique II, ávido de hacerse con el poder de la Iglesia de Inglaterra. Puesto que se trata de una novela, Meyer se inventa un personaje ficticio, Hans Ambruster, un ballestero que supuestamente ha conocido a ambos personajes en conflicto y que le sirve como narrador. Además, con este recurso, consigue un mucho mayor grado de veracidad.

El mensaje fundamental que trata de transmitirnos el autor es que la intolerancia, ya sea clerical, ya política, es perversa. Meyer posee un estilo pulido al que dota de toques de humor sutil y, con ello, la obra resulta amena. No en balde, nos hallamos ante uno de los escritores más destacados de las letras germanas en el siglo XIX, en cuyo honor Zurich concede, desde 1938, el premio literario Conrad Ferdinand Meyer.

Fuente: Webidea.

Foto: Tim Green.

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