El señor de Bembibre, de Enrique Gil y Carrasco, la caída de los Templarios

Enrique Gil y Carrasco ha pasado a la historia de la literatura española por su novela titulada El señor de Bembibre, que corresponde al gusto romántico por la narrativa histórica y que cuenta una desgraciada trama de amor con el trasfondo de la caída de la Orden del Temple.

La exaltación del espíritu nacional que trajo consigo el Romanticismo produjo un inusitado interés por la Historia, en la que se buscaban las raíces comunes del pueblo, aquellos rasgos distintivos que diferenciaban a una nación de las otras.

Consecuencia de ello fue el enorme auge de la novela histórica, género iniciado por el genial Walter Scott que fue seguido como modelo, prácticamente, por todos los grandes escritores de la época. Así, en España, no hubo literato que se preciase que no la cultivara: desde Mariano José de Larra con El doncel de don Enrique el Doliente hasta Espronceda con Sancho Saldaña.

Foto del Castillo de Ponferrada, donde se desarrolla la obra

La obra se desarrolla en el Bierzo leonés. En la foto, el castillo de Ponferrada

Sin embargo, la crítica es unánime al reconocer como la mejor del Romanticismo español a El señor de Bembibre, del diplomático castellano Enrique Gil y Carrasco (Villafranca del Bierzo, León, 1815-1846), un autor hoy bastante olvidado fuera de los círculos académicos que, sin embargo, fue una personalidad relevante de su época y cuyo talento fue estimado por Zorrilla o el citado Larra, quién no acostumbraba a halagar sin motivo.

Gil y Carrasco no escribió mucho. Apenas unas cuantas poesías, algunos artículos de viajes y costumbres y, aparte de la mencionada, dos novelitas más, El anochecer de la Florida y El lago de Carucedo.

No obstante, El señor de Bembibre le otorga un lugar importante dentro de las letras castellanas. La obra –como no podía ser de otro modo si del Romanticismo hablamos- narra la historia de amor entre Álvaro y Beatriz, con el trasfondo histórico de la caída en desgracia y posterior desaparición de la Orden del Temple, en el siglo XIV.

Se trata, por tanto, de una trama de amores desgraciados como tantas otras del Romanticismo. Sin embargo, hay algunos rasgos que confieren un peculiar atractivo a la obra y que, quizá, explican que aún hoy se pueda leer con agrado.

Así, por una parte, la melancolía pesimista acerca del destino humano: un halo de fatalidad planea sobre la historia de Álvaro y Beatriz. Y, en relación con ello, el análisis de los sentimientos de los personajes, excelentemente logrado.

Pero, sobre todo, las descripciones de la Naturaleza. La obra se desarrolla en los parajes del Bierzo, perfectamente conocidos por el autor, que los evoca con una cadencia y un detallismo que les otorga una belleza especial.

En suma, aunque no deja de ser una novela de época, que integra muchos de los tópicos del Romanticismo, todos los elementos mencionados le proporcionan una peculiaridad que la hace de agradable lectura todavía en nuestros días.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Bergidense.

Foto: Castillo de Ponferrada: FreeCat en Flickr.

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