El signo de los cuatro, segunda aventura de Sherlock Holmes

Arthur Conan Doyle creó el que quizá sea el personaje literario más conocido de todos los tiempos tras don Quijote: el detective Sherlock Holmes. En El signo de los cuatro deberá ayudar a una muchacha a esclarecer el paradero de su padre y, con ello, el origen de unas extrañas perlas.

Desde que Edgar Allan Poe crease el relato policiaco protagonizado por el investigador Auguste Dupin, la técnica del detective que reaparece en varias obras se ha consolidado como uno de los recursos más frecuentes del género, brindando personajes inolvidables.

Son archiconocidos los casos de Hércules Poirot y Miss Marple, de Ágatha Christie, del Sam Spade de Dashiell Hammet o del Philip Marlowe de Raymond Chandler, por citar sólo tres ejemplos que han hecho fortuna literaria.

Retrato de Conan Doyle

Retrato de Arthur Conan Doyle escribiendo

Pero, sin duda, el personaje que ha logrado mayor popularidad dentro del género, hasta el punto de convertirse casi en un ente autónomo con vida propia respecto de su creador, es el inigualable Sherlock Holmes, la genial creación de Arthur Conan Doyle (Edimburgo, 1859-1930). Baste citar como prueba de lo que decimos el hecho de que, tras hacerlo morir, el escritor hubo de resucitar al personaje a causa del aluvión de quejas recibidas.

Poco podría sospechar Doyle -sin duda dotado de menor fuerza deductiva que su criatura-, cuando ejercía como aburrido médico en Southsea, el éxito que le esperaba en el mundo de las letras. Precisamente  el poco trabajo que tenía lo animó a escribir y, basándose en un profesor que había tenido en la Universidad de Edimburgo y que asombraba a todos con su genial capacidad para la deducción, creó la figura del huesudo y excéntrico personaje y la no menos genial invención de su fiel escudero, el doctor Watson.

El signo de los cuatro, publicada en 1890, es la segunda aventura del detective –la primera es Estudio en escarlata– y en ella deberá ayudar a una joven, Mary Morstan, a desentrañar un misterio: todos los años recibe una valiosa perla que cree relacionada con la estancia de su padre, desaparecido hace diez años, en la India.

A partir de este momento, se desencadenan los hechos, que llevarán a Holmes, no sólo a desentrañar el misterio, sino también a esforzarse por recuperar un magnífico tesoro que oculta una oscura historia de traiciones.

Se trata de una de las pocas narraciones extensas protagonizadas por el perspicaz detective –la mayoría de sus aventuras son relatos cortos- y, a la vez, uno de sus casos más complejos. Pero, pese a ser una de las primeras, el personaje se encuentra ya plenamente configurado en todos sus rasgos. Incluso descubrimos que, ocasionalmente, consume cocaína.

En suma, una de las mejores aventuras del curioso personaje que, ayudada por el estilo rápido y directo de Doyle, quién nos lleva en volandas hasta un sorprendente desenlace, resulta muy amena.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Sherlock Holmes online.

Foto: Arthur Conan Doyle: Rotational en Wikimedia.

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