‘El tapiz del vampiro’, un depredador oculto entre los humanos

La obra de la estadounidense Suzy McKee Charnas, ya un clasico del género, es una historia de terror a la antigua usanza.

tapiz

En los últimos años, se ha puesto de moda un tipo de vampiro adolescente, enamorado y más bien pacífico al estilo de los creados por Stephenie Meyer en su saga ‘Crepúsculo’. Pero la tradición literaria de esta figura mítica es mucho más cruel. Baste pensar en el más famoso de todos los tiempos: el Drácula de Bram Stoker, pero también son buenas muestras de ello la Aurelia de E. T. A. Hoffmann (primera vampira de las letras) y, más recientemente, el Lestat de Anne Rice.

A la época de ésta última novela, más o menos, pertenece ‘El tapiz del vampiro’ de la estadounidense Suzy McKee Charnas (Nueva York, 1939), relato nominado al Premio Nebula y hoy considerado un clásico del género. En España contamos con ediciones de Martínez Roca y, posteriormente, de Alamut.

Suzy McKee empezó a publicar ampliamente superada la treintena. Antes había trabajado como profesora en Nigeria con los Cuerpos de Paz de la ONU y en otras labores. No obstante, ha creado una abundante producción literaria que aborda distintos género narrativos, aunque principalmente se ha centrado en la ciencia ficción y el terror. Al primero pertenecen ‘The Holdfast books’ y ‘Sorceru Hall’, mientras que, respecto al segundo, ha escrito principalmente historias sobre chupadores de sangre como ‘Sueños de vampiro’ y los relatos incluidos en ‘Stagestruck vampires and other phantasms’. Así mismo, ha recibido premios tan relevantes como el citado Nebula, el Hugo y el James Tiptree Jr.

Sin embargo, quizá su obra más conocida sea ‘El tapiz del vampiro’. Su protagonista es el doctor Weyland, prestigioso y valorado profesor de universidad. Pero, tras su aire de erudito, oculta un terrible secreto: en realidad es un vampiro y no cualquiera sino un brutal depredador para los humanos que ha sobrevivido durante cientos de años, precisamente, mimetizándose con ellos. Este ser cruel ve peligrar su respetable fachada y hará cualquier cosa para mantenerse a salvo.

A diferencia de otros vampiros, cargados de poderes sobrenaturales, Weyland no tiene nada de esto. Más bien es la evolución de una rara especie pseudohumana, un auténtico depredador que se alimenta de sangre y tiene esta misión como único objetivo. No hay en él un ápice de arrepentimiento, si bien ello no le impide reflexionar sobre la sociedad y su futuro. Todo ello le convierte en una figura más próxima a los personajes clásicos del género que a ese prototipo de vampiro moderno, juvenil, atormentado y enamoradizo. En definitiva, una obra de genuino terror a la antigua usanza.

Vía: Web oficial de la autora.

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