El último mohicano, de James Fenimore Cooper, la creación del coloso yanqui

Cuando Estados Unidos se constituyó como nación, aún estaba todo por hacer, incluida la literatura. Por ello es mayor el mérito de autores como James Fenimore Cooper, que carecían de modelos patrios. Su novela El último mohicano, además, nos narra la dura vida en la frontera entre el nuevo país y la tierras vírgenes habitadas por los indios.

A pesar de que el Tratado de París de 1783 consagraba la creación de la nueva república de Estados Unidos, aún estaba todo por hacer. Y no sólo en lo que respecta a la política, sino también a la vida civil y a la literatura.

Por ello, tienen mucho más mérito autores como Nathaniel Hawthorne, Washington Irving o Edgar Allan Poe, ya que, al margen de sus cualidades literarias, carecían de modelos patrios en los que fijarse.

Foto de Cooperstown

Una vista de Cooperstown, fundada por el padre de Cooper, en la actualidad

Otro de estos pioneros, probablemente el primero de ellos, fue James Fenimore Cooper (Burlington, Nueva Jersey, 1789-1851), que además lo fue por otros motivos: su padre fundó, en plena frontera, la ciudad de Cooperstown y allí pasó su infancia.

Fue, por tanto, un hombre de vida intensa. Tras fracasar en sus estudios en Yale y pertenecer durante unos años a la Armada, consagró sus fuerzas al oficio de escribir, tomando como modelo nada menos que a Walter Scott.

Fruto de ello fue su primera novela, Precaución, inspirada, en buena medida, por otra británica, Jane Austin, y que viene a ser una suerte de testimonio histórico. A ella seguirían más de treinta narraciones extensas.

Pero donde Cooper da la verdadera talla de sus posibilidades es en los relatos que abordan la vida de los pioneros en la frontera entre el nuevo país y las tierras vírgenes habitadas por los indios nativos.

Y su más lograda creación en este sentido es El último mohicano, publicada en 1826 y que contribuyó a crear una mitología norteamericana, algo también imprescindible para el desarrollo de la nueva nación.

Ambientada en las luchas entre franceses y británicos por el control de las colonias del norte, es una novela de aventuras pero también histórica al estilo de Walter Scott y también posee un componente sentimental.

El comandante Munro, sitiado por los franceses en un fuerte, pide refuerzos. Con ellos vienen sus hijas, Cora y Alice, pero el guía, un indio hurón llamado Magua, traiciona al grupo y lo intenta entregar a los galos.

Sin embargo, aparecen Ojo de Halcón y Unkas (el último mohicano) y los salvan llevándolos hasta el fuerte. Sin embargo, los hurones, aliados de los franceses, todavía les harán sufrir trágicas peripecias.

Como decíamos, se trata fundamentalmente de una novela de aventuras en una frontera que Cooper conocía muy bien. Pero, además de estar muy bien escrita, posee otro valor más importante: el de abrir el camino de la narrativa norteamericana a los novelistas posteriores.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: On Line Literature.

Foto: Cooperstown: Awirtanen en Flickr.

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