‘Germinal’, de Emile Zola

Una de las mejores novelas de ‘La saga de los Rougon-Macquart’, titánica serie narrativa escrita por el creador del Naturalismo.

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En 1868 y cuando apenas era conocido como escritor, el galo Emile Zola (París, 1840-1902) concibió un enorme proyecto narrativo sólo equiparable a la ‘Comedia Humana’ de su compatriota Honoré de Balzac. Lo bautizó como ‘La saga de los Rougon-Macquart’ y el subtítulo da fiel idea tanto de su contenido como de sus inteciones: “Historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio”. Porque, efectivamente, narraba el devenir de una familia a lo largo de varias generaciones en la Francia de mediados del siglo XIX.

Pero Zola hizo mucho más. No conforme con la estética realista imperante, creó otra más acorde con sus ideas a partir de ella. La bautizó como Naturalismo y se inspiraba en las tesis del Positivismo filosófico y en las teorías fisiológicas del doctor Claude Bernard. La base fundamental del movimiento de Zola es el determinismo, que a grandes rasgos significa que el ser humano no es libre para desarrollar su vida sino que ésta viene marcada por la herencia genética y el entorno social en que se desenvuelve. En cuanto a sus rasgos literarios, el Naturalismo lleva al límite las técnicas realistas: pretende dar una imagen “científica” de la sociedad y, en consecuencia, la retrata de forma fiel, aséptica e imparcial (esta es la teoría, en realidad las obras poseen una fuerte carga ideológica); así mismo, no retrocede ante nada y con él entran en la narrativa los ambientes más sórdidos y los personajes más degradados.

Pero una vez más esto es la teoría, ya que ni siquiera Zola llevó estrictamente estas ideas a sus novelas. En cualquier caso, el Naturalismo tuvo numerosos seguidores en toda Europa, figuras tan destacadas como Gerhart Hauptmann en Alemania, Giovanni Verga en Italia, Thomas Hardy en Inglaterra o Vicente Blasco Ibáñez en España. No hace falta decir que, si el propio creador del movimiento incumplió muchas de sus tesis, el Naturalismo de sus seguidores es mucho más moderado. Por el contrario, otros autores con menos talento que éstos aprovecharon las ideas del francés para escribir auténticos bodrios.

La primera novela en que Zola puso en práctica su teoría y por tanto inaugural de ‘La saga de los Rougon-Macquart’ fue ‘La fortuna de los Rougon’, a la cual siguieron títulos como ‘El vientre de París’, ‘La inundación’, ‘La bestia humana’ y ‘El desastre’. Así mismo, el escritor francés compendió las bases de su movimiento en el ensayo ‘La novela experimental’.

Germinal, entre sus mejores obras

No obstante, en la extensa serie creada por el francés, destacan varios libros. Así, ‘La taberna’, que explora los efectos del alcoholismo; ‘Pot-Bouille’, centrada en la clase media; ‘Nana’, que indaga en el mundo de la prostitución; ‘La conquista de Plassans’, donde critica al clero, y ‘L assommoir’, centrada en el mundo obrero. También de este grupo social trata una de las mejores obras de la saga: ‘Germinal’.

Publicada en 1885, es la décimo tercera novela de la misma y, concretamente, se basa en una huelga de mineros del carbón que se desarrolló en el norte de Francia en la década de 1860. Ha sido traducida a más de cien idiomas y ha dado lugar a cinco películas y dos series televisivas.

La obra se desarrolla en un pequeño pueblo llamado Montsou. Allí llega Étienne Lantier, hijo de Gervaise Macquart, tras ser despedido de la empresa donde trabajaba por agredir a su jefe. En aquel microcosmos en el cual todos viven del carbón, el joven recién llegado observa la miseria de los salarios que llevan a aquellos hombres a caer en el alcoholismo y la sordidez. Conoce a individuos siniestros como Chaval y a otros generosos como la familia Maheu. También se enamorará de Catherine. Ante lo insostenible de la situación, los mineros comienzan una huelga durante la cual sufren aún más penurias que antes. Pero albergan la esperanza de que su vida mejore. Sin embargo, las empresas mineras contratan mano de obra belga para reemplazarlos mientras llegan fuerzas policiales para proteger las minas. Se inicia entonces una espiral de violencia que debilita a los huelguistas.

La novela es una verdadera denuncia de los excesos de la entonces incipiente Revolución Industrial, cuando la ausencia de leyes laborales permitía a patrones sin escrúpulos explotar a sus trabajadores con jornadas interminables y salarios de miseria. No obstante, arroja un mensaje esperanzador para el futuro.

Como decíamos, esta obra magistral de Zola fue llevada al cine y la televisión varias veces. En todo caso, la versión fílmica más interesante es la dirigida en 1993 por Claude Berri e interpretada por un reparto estelar del cine galo en el que figuraban Gerard Depardieu, Miou-Miou, Renaud, Jean Carmet, Judith Henry, Jean-Pierre Bisson y Jean-Roger Milo. De su calidad nos da idea el hecho de que fue nominada a doce premios César (los Oscars del cine galo), aunque finalmente sólo obtuvo dos.

Vía: ‘The Literature Network’.

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