Ian McEwan se reinventa la figura del narrador

En ‘Cáscara de nuez’, el escritor británico utiliza audazmente como tal al bebé que está esperando uno de los personajes.

cascara

Hay una corriente literaria en Reino Unido cuyos representantes juegan con las normas narrativas, mezclando géneros y estilos e introduciendo en sus obras toda clase de audacias formales. Utilizando un término muy extendido entre la crítica, podríamos calificarlos de “posmodernistas” y, entre ellos, cabe citar a Julian Barnes o Martin Amis, si bien mejor sería denominarlos “inclasificables” tanto por su originalidad como por su valor literario.

Y junto a ellos Ian McEwan (Aldershot, 1948), cuya novela ‘Cáscara de nuez’ acaba de ser publicada en nuestro país por el sello Anagrama y supone toda una revolución en lo referente al concepto de narrador puesto que en ella tal lugar lo ocupa el bebé que se está gestando en el vientre de uno de los personajes.

Considerado uno de los mejores novelistas ingleses de la actualidad, McEwan debutó en la narrativa con ‘El jardín de cemento’, un relato con el incesto como tema central que fue llevado al cine por Andrew Birkin en 1993. Tras él, vendrían títulos como ‘El placer del viajero’, ‘El inocente’ o ‘Los perros negros’. No obstante, el reconocimiento definitivo le llegó con ‘Amsterdam’, ganadora del Premio Booker y que supone una demoledora sátira sobre la doble moral. Entre sus grandes obras se hallan, así mismo, ‘Amor perdurable’, que aborda el llamado síndrome de Clerambault o erotomanía; ‘Sábado’, reflexión de tono existencial sobre el papel del individuo en la sociedad, y ‘Solar’, acerca de un brillante científico hastiado de su vida.

Volviendo a ‘Cáscara de nuez’, presenta algo habitual en McEwan: la combinación de diferentes géneros novelísticos. Todo comienza en tono policíaco. Trudy está casada con John, un poeta depresivo cuyo matrimonio se está desintegrando. De hecho, ella mantiene una relación adúltera con Claude, hermano de su esposo, y los amantes conciben el plan de matar a John para así heredar una mansión valorada en 8 millones de euros.

Sin embargo, no cuentan con que hay un testigo de sus maquinaciones: el bebé que está creciendo en el vientre de Trudy, quien se convierte -como decíamos- en narrador de la historia. A partir de aquí, se desarrolla una trama genial que mezcla lo detectivesco con el más genuino humor británico (como cuando la criatura filosofa o se marea debido al vino que bebe su madre). Por si ello fuera poco, McEwan sabe mantener la tensión propia de un “thriller” y el resultado es magnífico. El autor inglés se ha atrevido a escribir una novela ingeniosa y audaz que sólo está al alcance de los grandes literatos y lo ha hecho realmente bien. Hay incluso críticos que han definido ‘Cáscara de nuez’ como una relectura del ‘Hamlet’ shakespeariano.

Vía: Web oficial del autor.

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