Oblómov, de Iván Goncharov, arquetipo de la sociedad rusa

A veces, una novela alcanza tal fama y popularidad que de ella se extrae un calificativo para una actitud ante la vida. Eso sucedió, por ejemplo, con ‘Madame Bovary’ y su “bovarismo” y también con ‘Oblomov’, del ruso Ivan Goncharov, un clásico de la época dorada de las letras de su país.

Algunas novelas alcanzan tanta fama que, de ellas, se extrae un adjetivo para calificar determinadas actitudes ante la vida. Es proverbial el caso de la ‘Madame Bovary’ de Gustave Flaubert, de cuya protagonista derivó el de “bovarismo” para caracterizar a la persona insatisfecha con su vida a causa del contraste entre sus aspiraciones –a menudo, desproporcionadas- y la cruda realidad.

Del mismo modo, en la Literatura rusa hallamos un caso parecido. El término es “oblomovismo” y se debe a un personaje creado por el narrador Iván Goncharov (Simbirsk, 1812-1891) en su novela ‘Oblómov’ y llamado de esta misma forma. Tal fue el éxito de la obra y del personaje que aún hoy día se denomina así en Rusia al individuo que muestra los mismos rasgos de personalidad que aquél.

Iván Goncharov nació en Simbirsk (en la foto)

Iván Goncharov nació en Simbirsk (en la foto).

Oblómov (en ruso significa “ruina”) es un aristócrata abúlico y perezoso que renuncia a sus sueños por desidia pero que, ante la perspectiva de que no se cumplan, adopta una actitud dramática (de su incapacidad para la acción, nos da idea el hecho de que no sale de su cama hasta la página ciento cincuenta). Para comprender esta figura, es necesario tener en cuenta que la novela apareció en una época en que la nobleza rusa estaba en entredicho por su oposición a los aires modernizadores que venían de Occidente. Las nuevas clases burguesas la acusaban de ser una rémora para el desarrollo del país.

Sin embargo, Goncharov, que era un alto funcionario del Gobierno –fue Censor General del Estado-, no muestra antipatía hacia su criatura sino que explica con rigor psicológico su triste forma de ser. Ello, junto a su carácter noble y generoso, hace al lector sentir empatía hacia él. A quién realmente satiriza el autor es a la aristocracia rusa, holgazana y anclada en antiguos privilegios. Sin embargo, tampoco se trata de una crítica ácida sino más bien amable e irónica.

La obra está muy bien escrita (Goncharov la retocó durante diez años) y constituye un clásico de las letras rusas lo cual, teniendo en cuenta que se publicó en la época dorada de aquéllas, la de Dostoievski y León Tolstoi, es mucho decir. No obstante, su autor jamás volvería a lograr un éxito semejante. Sus novelas posteriores, como ‘El precipicio’, no consiguieron llegar al público de la misma manera que ‘Oblómov’. Claro que esto no es nada raro, pues es algo que ocurre a los mejores escritores.

Fuente: Kirjasto.

Foto: Ulyanov.

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