La casa de los siete tejados, de Nathaniel Hawthorne, un nuevo proceso de Salem

Nathaniel Hawthorne es uno de los creadores de la literatura norteamericana. De hecho, fue el primero en producir un corpus narrativo acerca de la historia originaria de Estados Unidos. Natural de Salem, el tema de la brujería le obsesionaba, como se puede apreciar en La casa de los siete tejados.

En 1692, cuando la colonización de Norteamérica daba sus primeros pasos, en el pequeño pueblo de Salem -actualmente en Massachusetts-, se produjo un hecho que ha pasado a la historia.

Veinticinco personas fueron acusadas de brujería en una espiral de delirio y sangre que tuvo mucho de enfrentamiento entre caciques. Arthur Miller lo dramatizaría en 1953 con el título de Las brujas de Salem o El crisol como alegoría del ‘mcarthismo’.

Foto de la Casa de los siete tejados, en Salem

Una vista de la Casa de los siete tejados, en Salem

No es de extrañar, por tanto, que un escritor como Nathaniel Hawthorne (Salem, 1804-1864), nacido allí y descendiente -según se cree- de uno de los jueces de aquel proceso, tuviese cierta obsesión con él.

Perteneciente a una de las primeras familias llegadas a Norteamérica, Hawthorne constituye, junto a Washington Irving, Fenimore Cooper y, por supuesto, Edgar Allan Poe, el grupo fundacional de la literatura estadounidense.

Su obra, imbuida de puritanismo protestante, se centra en narrar de forma novelada los hechos y experiencias de los primeros años de la colonización y, muy especialmente, los acaecidos en su Nueva Inglaterra natal.

Sus cuentos fantásticos, por otra parte, han sido igualados en calidad a los de Poe. Sin embargo, un lúcido analista ha señalado que, entre los de ambos, se da la misma diferencia que entre el sueño y la pesadilla. Innecesario resulta señalar cuáles representan los de cada uno.

Probablemente, la mejor de sus narraciones sea La letra escarlata. Su protagonista, Hester Prynne, que ha concebido una hija fuera de su matrimonio, es condenada por adulterio a llevar una ‘A’ cosida a su pecho. Sin embargo, ella se niega a revelar el nombre del padre, que no es otro que el reverendo Dimmensdale, quién calla cobardemente, lo cual contrasta con la valentía de la mujer.

Diferente es La casa de los siete tejados, publicada en 1851 y en la que Hawthorne recupera el tema de la brujería como eje argumental. El coronel Pyncheon anhela conseguir los terrenos de Mathew Maule, un oscuro sujeto sobre el que recaen sospechas de prácticas paranormales.

Para lograrlos, no duda en presidir el juicio condenatorio que se realiza a Maule, quién pronuncia una maldición en el momento de su condena. De esta suerte, la casa estará endemoniada para siempre.

Hawthorne, que, como decíamos, era un puritano protestante, no duda, sin embargo, en criticar a lo largo del texto las posturas excesivamente integristas e hipócritas de algunos de sus correligionarios.

En suma, se trata de una excelente novela de un autor que fue el primero en brindar un corpus narrativo a la historia originaria de Estados Unidos.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Elortiba.

Foto: Casa de los siete tejados: David Paul Ohmer en Flickr.

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