‘La disputa por el sargento Grischa’, de Arnold Zweig

Una novela profundamente antibelicista pero también crítica con la burocracia del estado moderno.

La disputa por el sargento GrischaLa Primera Guerra Mundial tuvo un curioso efecto en los países combatientes: si en su principio, las poblaciones de cada uno de ellos estaban convencidas de tener razones para combatir y se alistaban voluntariamente, a medida que la contienda iba avanzando y se padecía su brutalidad, fue desarrollándose una cada vez más fuerte corriente pacifista en la que la Literatura tuvo mucho que ver: autores como el francés Romain Rolland, el alemán Hermann Hess o el británico Bertrand Russell clamaron por el final del conflicto.

Otros desarrollaron un ideario pacifista, precisamente, a raíz de aquella guerra. Es el caso del también germano Arnold Zweig (Glogów, hoy Polonia,1887-1968), quien combatió como soldado raso hasta 1918 y, tras ver la crueldad de la contienda, adoptó esa postura y, como fruto de ella, escribió ‘La disputa por el sargento Grischa’.

Formado en las universidades de Breslau, Berlín y Gotinga, Zweig se dio a conocer en la Literatura a través de sus cuentos costumbristas, muy en boga entonces. Alcanzó su primer éxito en 1912 con el libro ‘Relatos sobre Claudia’, influido por las teorías de Freud (fueron amigos) y que describe el sufrimiento interior de una joven con una exacerbada sensibilidad. Por entonces, se dedicó intensamente al teatro pero nunca consiguió triunfar en este género. Más éxito tuvo con sus ensayos, frecuentemente sobre los judíos y el sionismo al que él mismo pertenecía, con títulos como ‘De Vriendt vuelve a casa’.

En cuanto a ‘La disputa por el soldado Grischa’, publicada en 1927, es una novela inspirada en su propia experiencia bélica. Se incluye dentro de una serie que tituló ‘La gran guerra del hombre blanco’ y que critica el militarismo desde posiciones pacifistas. Un inofensivo soldado ruso consigue escapar de la prisión donde le han confinado tras capturarle en el frente. Para facilitar su huida, se viste con el uniforme de un militar alemán que halla muerto.

Lo que el infortunado Grischa -así se llama el ruso- no sabe es que el portador de aquella vestimenta tiene cuentas pendientes con el alto mando y hacerse pasar por él puede traerle funestas consecuencias. Y es que la burocracia germana sólo entiende los documentos oficiales. No sin cierta ironía, Zweig critica el militarismo y la guerra pero también satiriza el enorme engranaje del estado, que con sus gigantescos recursos es incapaz de diferenciar a una persona de otra por mucho que resulte evidente.

Vía: ‘Biografías y Vidas’

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