La leyenda del santo bebedor, de Joseph Roth, irónica visión del ser humano

El Imperio Austro-Húngaro fue, en los primeros años del siglo XX, un emporio cultural. En la literatura, una de las figuras destacadas es Joseph Roth, cronista de la decadencia del gigante centroeuropeo. En La leyenda del santo bebedor, nos ofrece una cómica rflexión acerca del ser humano y de la sociedad europea de entreguerras.

Todo lo que el Imperio Austro-Húngaro tenía de anacrónico en el aspecto político, lo poseía, en contraste, de esplendor cultural. En la Viena de principios del siglo XX todas las artes y las ciencias gozaron de un apogeo extraordinario.

La literatura no iba a ser una excepción y, así, se produce la coincidencia de una pléyade de extraordinarios escritores. Junto a la relevante figura de Franz KafkaPraga formaba entonces parte del Imperio-, es imprescindible citar a Hermann Broch, Robert Musil, Arthur Schnitzler o Stefan Zweig, por poner sólo algunos ejemplos.

Foto del Teatro de la Ópera de Viena

Roth noveló la decadencia del Imperio Austro-Húngaro. En la foto, Teatro de la Ópera de Viena

Otra de estas figuras, por demás singular, fue el periodista Joseph Roth (Brody, 1894-1939), un impenitente bebedor con un pensamiento, sin embargo, muy lúcido. A él correspondió novelar la decadencia de aquel conglomerado de razas que fue el citado gigante imperial a través de obras como La marcha Radetzky y su epílogo, La cripta de los capuchinos, que relatan la vida de una familia austriaca, los Trotta, a lo largo de cuatro generaciones.

Ello probablemente fuera fruto de un sentimiento nostálgico –palpable también en otros autores austro-húngaros- de pérdida de la patria tras la caída de ésta a raíz de la Primera Guerra Mundial.


Y es que, cuando esto sucedió, Roth emigró a Alemania donde, más tarde, sería perseguido por los nazis –era judío- y habría de refugiarse en París, en cuya calle Tournon existe hoy una placa que lo recuerda.

Todas estas peripecias hicieron de él –como decíamos- un lúcido analista de la realidad europea de su tiempo y un pensador que reflexionaba en sus escritos sobre la condición del Hombre contemporáneo.

Así surge La leyenda del santo bebedor, publicada en 1939, un relato irónico en el que subyace su opinión sobre estos temas. Andreas Kartak es un vagabundo que malvive en el París de entreguerras durmiendo bajo los puentes del Sena. Un buen día, se acerca a él un desconocido que le da doscientos francos para que los gaste como desee.

Foto de una placa a Joseph Roth

Placa en recuerdo de Joseph Roth en la calle Tournon de París

Aunque en principio se niega, Andreas acepta el regalo pactando como condición que, cuando quiera devolverlo, lo entregará en la capilla de Santa Teresa de Lisieux. Pero el indigente es hombre de poca voluntad y, cada vez que se dirige a donarlo, o bien llega tarde y mata el tiempo emborrachándose o bien se encuentra con algún viejo conocido y se pierden en una juerga.

Sorprendentemente, cada vez que se le va a acabar el dinero, distintas peripecias hacen que obtenga más y el ciclo vuelva a comenzar: nuevo intento de donarlo y nueva borrachera.

Se trata, en suma, de un cómico relato -con un importante componente autobiográfico-, tras el que subyace una pesimista visión del Hombre contemporáneo y de una sociedad sumida en fuertes convulsiones como fue la europea de entreguerras.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Kirjasto.

Fotos: Teatro de la Ópera de Viena: Infraredhorsebite en Flickr | Placa a Roth: Mu en Wikimedia.

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