‘La mujer de la libreta roja’, una historia romántica que nace de la curiosidad

Antoine Laurain ha construido un relato intimista en el cual París y su singular espíritu tienen enorme importancia.

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A veces, una novela puede construirse a partir de las más sencillas anécdotas. De la imaginación del escritor depende. Precisamente, hay toda una línea narrativa en la Literatura Francesa conformada por historias intimistas edificadas a partir del más nimio motivo o detalle. Podría decirse que en eso los autores galos son unos maestros. Un buen ejemplo son las obras de Muriel Barbery, como ‘La elegancia del erizo’ o ‘la vida de los elfos’.

A todo ello -con el añadido de abundante romanticismo- responde igualmente ‘La mujer de la libreta roja’ de Antoine Laurain, parisino de principios de los años 70. Y no es un dato sin importancia éste, pues la Ciudad del Sena con sus vetustos edificios, rincones secretos y pequeños cafés, tiene así mismo gran importancia en su novela.

Admirador de su compatriota Patrick Modiano, Laurain procede del cine: escribió guiones e incluso dirigió cortometrajes. También trabajó con un anticuario, experiencia que reflejó en su primera obra, ‘Ailleurs si j’y suis’, con la cual obtuvo el Premio Drouot de 2007 y que no ha sido traducida al castellano. Repitió éxito con ‘El sombrero del Presidente’, una fábula sobre el poder también muy reconocida, y después publicó ‘La mujer de la libreta roja’, penúltima novela que ha escrito, pues tras ella apareció ‘Rapsodia francesa’, donde parte de una carta que llega con 33 años de retraso y que, de haber sido recibida en tiempo, podría haber cambiado la vida de su receptor.

Un detalle nimio, el hallazgo de un bolso de mujer abandonado, es el punto de partida de ‘La mujer de la libreta roja’. Quien lo encuentra es Laurent Letellier, antiguo banquero que un buen día abandonó su puesto para montar una pequeña librería, su auténtica vocación. Como no tiene billetero ni papeles, deduce que fue robado y luego el ladrón lo abandonó en la basura. Tampoco tiene móvil por lo que la única forma de saber quién es su propietaria es leyendo un cuaderno rojo que sí ha permanecido en el bolso. Además, esa suerte de diario despierta su curiosidad.

Por otra parte, Laure Valadier, propietaria de aquel, regresa a casa tras unos días hospitalizada a causa de las heridas del atraco y se encuentra el bolso en el salón. También ella iniciará una labor de investigación para saber quién lo ha dejado allí. Junto a la historia de estos dos personajes, París tiene -como decíamos- gran importancia en la novela. De hecho, diríamos que ésta es un auténtico canto al más genuino espíritu de la Ciudad del Sena. En definitiva, ‘La mujer de la libreta roja’ es un relato intimista, sutil y elegante.

Vía: ‘Comparte Libros’.

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