La tierra de todos, de Vicente Blasco Ibáñez, de lo regional a lo cosmopolita

Vicente Blasco Ibáñez fue considerado en su tiempo ‘el Zola español’. Sin embargo, se halla muy lejos, en la práctica, del escritor francés. Su evolución va de lo regional, con las novelas del ‘ciclo valenciano’, a lo cosmopolita. En La tierra de todos, nos muestra la peripecia de una ‘femme fatale’.

Cuando comenzó a irradiarse desde Francia, el Naturalismo de Emile Zola reclutó seguidores en casi todos los países. No obstante, ninguno de los novelistas que se inscribieron en él aplicaron estrictamente las técnicas que el maestro preconizaba, sino que las pasaron por el tamiz de sus propios principios estéticos.

Así sucedió en España, donde sus más destacados seguidores nunca llegaron a los extremos que propugnaba la teoría de Zola, algo que, por otra parte, ni siquiera él mismo hizo. Por ejemplo, Emilia Pardo Bazán, su principal divulgadora, no pasó de incluir algunos rasgos superficiales de la nueva estética en sus novelas.

Foto de la Albufera valenciana

Un hermosa vista de la Albufera valenciana, cuya vida describió Blasco en sus mejores novelas

Igualmente, su otro gran defensor, Vicente Blasco Ibáñez (Valencia, 1867-1928) cultivó una narrativa que muy difícilmente puede considerarse naturalista. Iniciado literariamente en las técnicas del folletín, tan sólo en contadas obras pueden apreciarse elementos de esta escuela.

Son las novelas que pertenecen al llamado ‘ciclo valenciano’ –por otra parte, las mejores del escritor- y en ellas se combina un fuerte componente regionalista con rasgos del Naturalismo, especialmente en lo que se refiere al determinismo del medio en que viven los personajes.

Pero lo realmente valioso de estas obras es el retrato de la vida y las costumbres de los habitantes de su tierra y muy especialmente de la zona rural. Son magníficas Cañas y barro o La barraca, donde los pobladores de la huerta valenciana y la Albufera aparecen dibujados con sus virtudes y sus defectos, sus costumbres y sus rencillas.

No obstante, Blasco presenta una segunda etapa en su producción. Podríamos decir que pasa de lo regional a lo cosmopolita. Abandonando aquel tipo de narraciones, escribe otras de carácter muy distinto.

Son aquellas que, ambientadas en grandes ciudades o regiones lejanas, muestran conflictos y peripecias de las clases pudientes y en ellas se aprecian rasgos del folletín, en el que –como decíamos- se había iniciado el autor.

La más famosa es Los cuatro jinetes del Apocalipsis, llevada al cine por la industria de Hollywood. Pero también La tierra de todos pertenece a esta segunda etapa. Nos translada de París al campo argentino para narrarnos las peripecias de Manuel Robledo, un joven arquitecto que conoce a la marquesa de Torreblanca, una ‘femme fatale’ que parece llevar la desgracia allí donde se dirige. Todo ello rodeado de conflictos sociales.

Blasco poseía una gran imaginación y un vigoroso poder descriptivo pero las novelas de esta segunda etapa, a pesar de su gran éxito –La tierra de todos fue igualmente llevada al cine, con Greta Garbo en el papel de la marquesa- no alcanzan el valor literario de las primeras, las del ‘ciclo valenciano’.

Podéis leer la novela aquí.

Fuente: Blascoibanez.es.

Foto: Albufera: Thasarga en Flickr.

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