Las partículas elementales, todas las porciones de la vida

Es este, probablemente, uno de los libros que más me ha impactado. Cierto que era otro momento de mi vida, ese en el que sales de una vida y las preguntas son muchas más que las respuestas, y las respuestas que crees conocer no son agradables, pero la lectura de Las partículas elementales, de Michel Houellebecq, vino, tal vez, a refrendar esas respuestas.

X Las partículas elementales

Libro Las partículas elementales

Los elementos sobre los que se arma la novela son tan dispares y variados que dichos así, uno detrás de otro, no terminan de dejar claro ante qué nos encontramos.

Un biólogo de lo más brillante, absolutamente incapaz para la vida afectiva, un profesor perturbado sexualmente, con historial de intentos de abusos, disertaciones sobre el futuro de la ciencia genética, escenas de sexo explícito, muy explícito, comunidades new age, proclamas de amor y superación, la soledad de un apartamento en las afueras, una madre que se muere, y un largo etcétera de porciones que, aparentemente, no tienen nada en común, pero que hablan todas de lo mismo.

Así como las partículas elementales de la física, aisladas en un mundo cuántico, condenadas a la única posibilidad de colisionar entre ellas, formando parte de un todo mucho más grande que ellas.


Esa brillante metáfora es la que el polémico Houellebecq eligió para relatar la historia del ser humano de una generación, la que superó el Mayo del 68 para llegar a otro punto, en el que ya no tiene tan claro cuáles son las reglas del juego.

Los personajes, seres humanos en definitiva, pasan a ser partículas elementales de un universo inmerso, condenadas a la soledad de sus rutas cuánticas, con la única posibilidad de la colisión para entrar en contacto con otras partículas. Algunos prefieren esa colisión antes que la eterna soledad. Pero de las colisiones, de los impactos, siempre hay consecuencias. Trágicas consecuencias la mayoría de las veces.

Un ritmo narrativo dócil, que fluye sin altibajos, con una constancia que nos hace pasar páginas sin cansancio, reconociendo en esas partículas partes de nosotros mismos, pero sin momentos para la melancolía o la emoción excesiva.

Porque, hasta los momentos más tensos, más emocionantes, Houellebecq nos los muestra como a través de un cristal. Un cristal grueso, que no podemos cruzar, a través del cual no nos pueden oír. Da igual que gritemos, que les pidamos que no lo hagan, que cambien, porque no nos escuchan. Da igual porque, según el autor, así es como tiene que ser la vida, como es.

Puedes leer gratis el libro aquí

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