Pedro Páramo, el brutal pesimismo de Juan Rulfo

Juan Rulfo es un caso curioso en la historia de la literatura. Autor de una sola novela, Pedro Páramo, y de dos libros de cuentos, la primera de ellas es de una calidad extraordinaria y de gran modernidad por sus técnicas. Pero también una obra durísima por su contenido.

Aunque algunos teóricos de la literatura se empeñen en lo contrario, despreocupándose de investigar su biografía, es indudable que la vida de un escritor condiciona de forma determinante su obra.

Si, por ejemplo, Charles Dickens no hubiera conocido de primera mano los efectos de la Revolución Industrial, difícilmente habría escrito sus magníficas novelas. Igualmente, si Stendhal nunca hubiera estado en Italia, gran parte de su obra carecería de sentido. En ambos casos, probablemente habrían sido magníficos escritores pero sus creaciones serían muy diferentes.

Foto de un desierto

La tierra de Comala, abrasada por el Sol y "en la boca misma del infierno", posee gran importancia en la obra

Del mismo modo, el mexicano Juan Rulfo (Sayula, Jalisco, 1918-1986) jamás habría escrito Pedro Páramo si su vida hubiera sido otra. Una infancia durísima –su familia fue asesinada cuando aún era un niño durante la rebelión de los ‘cristeros’– propició su carácter depresivo y pesimista que se refleja a la perfección en esta novela.

El fantasmal pueblo de Comala, donde se desarrolla la obra es una transposición literaria de la devastación que conoció de niño y todo en la obra transpira sufrimiento y dolor. Es un universo angustioso donde la vida y la muerte se confunden, propiciando en el lector una sensación de que la vida humana carece de cualquier explicación racional.

Nos encontramos, por tanto, ante una novela difícil y durísima. La historia de Juan Preciado, que, tras prometérselo a su madre, parte en busca de su padre, Pedro Páramo, oscuro cacique de Comala a quién ni siquiera conoce, nos introduce en una atmósfera asfixiante en la que el destino –en este caso, siempre fatal– campa a sus anchas.

A ello contribuye incluso la geografía del terreno: el lugar se encuentra en una tierra abrasada por el Sol, «en la mera boca del infierno» –más bien diríamos el infierno mismo-. Todo ello se conjuga para que, con el transcurso de la historia, el protagonista llegue a una conclusión brutal que tiene que ver con su propia vida.

También la forma en que está escrita contribuye a ello. El tiempo se presenta de forma circular, pasado y presente se confunden, los monólogos son abundantes y el lenguaje es profundamente renovador.

No deja de resultar curioso el hecho de que, pese a la modernidad de la obra, Rulfo haya confesado que jamás leyó a los grandes renovadores de la narrativa moderna. Por tanto, ni Joyce, ni Proust ni Faulkner se hallan en la inspiración del autor. Muy presente, en cambio, está la tradición oral del folclore mexicano, con su culto a la muerte.

Se trata, en suma, de una obra durísima y de muy compleja lectura pero de una calidad artística extraordinaria.

Podéis leer la novela aquí.

Fuente: Sólo Literatura.

Foto: Desierto: Colegota en Wikimedia.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...