Pedro Sánchez, un relato de tinte autobiográfico de José María de Pereda

José María de Pereda es uno de los principales escritores del Realismo español y, probablemente, quién mejor personifica la costumbre de los novelistas de enmarcar en su tierra sus obras. Sin embargo, en Pedro Sánchez, se traslada a Madrid para mostrarnos una historia con tintes autobiográficos.

Todos los novelistas muestran una tendencia a ubicar sus obras en escenarios de su tierra. Probablemente sea porque la conocen mejor que otras y también, lógicamente, porque muestran un afecto especial hacia ella.

Sin embargo, en el caso de la narrativa realista a todo lo anterior se añade una causa más: el origen de esta tendencia literaria, que se encuentra en las escenas costumbristas románticas. Eran éstas pequeños cuadros en los que el escritor presentaba tipos y costumbres de su región. Así, Mesonero Romanos retrató el Madrid de su tiempo o Estébanez Calderón su Andalucía.

Foto de un monumento a Pereda en Santander

Monumento a José María de Pereda en Santander

Con el tiempo, a estas escenas fue dotándoselas de un leve argumento que se fue haciendo más complejo hasta desembocar en novelas. También por ello los primeros autores del Realismo escogieron como marco para sus obras la propia tierra.

Aunque no es el único, en quién mejor se aprecia todo este proceso es en el cántabro José María de Pereda (Polanco, 1833-1916). En efecto, tras iniciarse en el cuadro costumbrista con sus Escenas montañesas, pasó a la creación novelística enmarcada casi siempre en su tierra hasta el punto de convertirse en el mejor divulgador de sus excelencias.

Y es que Pereda, de ideología conservadora, veía en la vida rural cántabra un islote de tradición y autenticidad frente a los excesos de la vida moderna, una suerte de mundo aislado en el que se conservaban todas las esencias de su ideario, aunque ello no le impidió retratar las rencillas que también allí se daban.

Tan sólo en dos ocasiones escogió el cántabro otro escenario para sus novelas y en ambas la ciudad elegida fue Madrid. La primera es Pedro Sánchez (1883) –la segunda sería La Montálvez– y narra la llegada a la capital del protagonista -que da título a la obra- en busca de éxito social. Lo logrará de modo efímero pero pronto volverá a caer.

Con indudables elementos autobiográficosPereda había vivido en Madrid treinta años antes sin acabar de adaptarse- e históricos, ya que narra la Revolución de 1854, su rasgo más destacado por la crítica es, sin embargo, su parentesco con la tradición picaresca.

Y es que, en efecto, algo de picaresco hay en las peripecias que atraviesa Pedro Sánchez. Sin embargo, Pereda no se encuentra cómodo en ese escenario que, para él, alberga la perversidad humana y ello se nota. Donde el cántabro alcanza su mayor altura es en las narraciones ambientadas en su tierra, ya sea en las zonas rurales o en la capital, Santander.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Cervantes Virtual.

Foto: Monumento a Pereda: Desmondrx en Wikimedia.

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