Sebastian Fitzek se transforma en Max Rhode para aterrorizarnos

Firma con el nombre de uno de sus personajes anteriores su última novela, ‘Escuela de sangre’, acerca de un lugar siniestro donde se imparten asignaturas salidas del «mismo infierno».

escuela

Es frecuente que los escritores adopten pseudónimos para firmar algunos de sus libros, ya sea por pertenecer éstos a géneros distintos al que suelen cultivar, ya por mera diversión. Por ejemplo, el mismísimo Stephen King ha publicado trabajos como Richard Bachman o John Banville es Benjamín Black para sus relatos policíacos. Sin embargo, menos habitual es que un novelista rubrique una obra con el nombre de un personaje aparecido en una anterior.

Y eso es lo que ha hecho el germano Sebastián Fitzek (Berlín, 1971), quien ha firmado su novela ‘Escuela de sangre’, que ahora publica en nuestro país Ediciones B, como Max Rhode, protagonista de su relato ‘El proyecto Joshua’ y escritor sin éxito. No obstante, ambas novelas pueden leerse de manera independiente.

Las dos pertenecen a un género híbrido que Fitzek domina a la perfección hasta el punto de ser uno de los autores más leídos en Alemania: el «thriller» detectivesco con abundantes elementos de terror. En él podía inscribirse así mismo ya su primera novela, ‘Terapia’, cuyo protagonista es un psiquiatra atormentado por la desaparición de su hija quien halla a una mujer que parece verla en sus alucinaciones. Y también otros títulos como ‘El experimento’, con un psicópata bautizado como «el Destructor de almas»; ‘El retorno’, sobre un niño que recuerda crímenes de una vida anterior; ‘Noah’, historia de un vagabundo de quien depende el futuro del planeta, o ‘El pasajero 23’, protagonizada por Martín, policía que ha perdido a su mujer y su hija durante un crucero.

Todas ellas conjugan la intriga con el terror, sobrenatural unas veces y puramente psicológico otras. Lo mismo puede decirse de ‘Escuela de sangre’, cuyos personajes principales son Simón y Mark, dos adolescentes berlineses que se trasladan junto a su padre, acuciado por problemas financieros, a un lugar solitario de Brandenburgo. Al menos, tendrán seis semanas de vacaciones.

Pero les espera otra sorpresa: su progenitor les ha matriculado en una escuela situada en medio de la isla más apartada que puedan imaginar y donde, además, se imparten idénticas asignaturas que «en el mismo infierno». Con su habitual maestría, Fitzek mantiene la tensión de la trama hasta la última página en un relato que combina a la perfección el suspense y el terror más genuino, es decir, el que nos hace creer que puede estar cerca de nosotros. Sin duda, una novela excelente que fascinará a los amantes del género.

Vía: ‘Lecturalia’.

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