Tarás Bulba, de Nikolái Gógol, la epopeya de los cosacos rusos

Si Pushkin puede ser considerado el creador de la lírica rusa, Gógol lo es, igualmente, de la narrativa. En Tarás Bulba nos ofrece una biografía novelada y fuertemente romántica del cabecilla cosaco del mismo nombre.

La literatura rusa nace, prácticamente, con el Romanticismo. Lo habido hasta entonces carece de relevancia pero, en un solo siglo, alcanza dimensiones excepcionales brindando figuras de la talla de León Tolstoi y Fiodor Dostoievski.

Sin embargo, sus verdaderos iniciadores son Alexander Pushkin para la poesía y el ucraniano Nikolái Gógol para la prosa, que constituyen las primeras personalidades de verdadera relevancia dentro de ella y que son los que siembran las bases para que aquéllos alcancen su extraordinaria calidad literaria.

Pintura de cosacos rusos

Un grupo de cosacos rusos recreados por el pintor Repin

Y es que Nikolái Vasílevich Gógol (Bolshie Sorochintsy, Poltava, 1809-1852) recorrió un verdadero aprendizaje literario desde sus primeros relatos breves que muestran la cara más amable de su Ucrania natal hasta sus obras mayores. Entre éstas, destaca sobremanera el cuento titulado El capote, tragedia vital de un oscuro funcionario que halla la esperanza en comprarse un capote nuevo y que constituye una alegoría de la vida rusa de la época.

De hecho, sus relatos breves son magistrales pero su obra más importante es Almas muertas, obra inacabada que podría calificarse como el retrato de la degradación de la aristocracia rusa o, dicho de otro modo, una imagen de la Rusia feudal. Sus personajes son criaturas esperpénticas a las que el autor trata con brutal sarcasmo.

Tras esta novela, destaca igualmente Tarás Bulba, publicada en 1835 y que constituye una perfecta muestra de la evasión hacia el pasado de la literatura romántica, en el que buscan las verdaderas esencias de una patria a la que ven degenerada en el presente.

Tarás Bulba, que existió realmente, es un cosaco que encarna todos los ideales de su pueblo –la libertad y el patriotismo– y, por ello es profundamente popular. Para defender a los cristianos ortodoxos que se hallan bajo dominación polaca, anima a su pueblo a ir a la guerra y ahí comenzará su tragedia.

La obra posee una fuerte carga romántica pero lo verdaderamente valioso de ella es el retrato de los indómitos cosacos, hombres de frontera, que no dudan en entregar la vida para defender su mundo. En ellos encuentra Gógol el verdadero carácter del pueblo ruso. Para él, que tanto arremetió contra la decadencia de su país, el ejemplo de aquel grupo humano constituía un modelo a seguir para lograr su regeneración y así nos lo presenta.

Se trata, en suma, de una excelente novela de carácter histórico -aunque con fuertes dosis de idealización-, que, como buena obra romántica, se halla plagada de aventura, acción y peripecias.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Kirjasto.

Foto: Cosacos rusos: J. M. Domingo en Wikimedia.

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