John Updike, 1932-2009

John Updike ha fallecido a causa de un cáncer pulmonar. Tras de si queda una de las carreras más impresionantes de la literatura reciente, una que además abarca el salto entre la última literatura moderna y el nacimiento de la posmoderna. Updike era periodista, ensayista, poeta y novelista. Pocos autores recientes de esa estatura y pocos tan polifacéticos, tan célebres y tan polémicos.

John Updike ha fallecido a causa de un cáncer pulmonar. Tras de si queda una de las carreras más impresionantes de la literatura reciente, una que además abarca el salto entre la última literatura moderna y el nacimiento de la posmoderna. Updike era periodista, ensayista, poeta y novelista. Pocos autores recientes de esa estatura y pocos tan polifacéticos, tan célebres y tan polémicos.

En ‘Visting Mrs. Nabokov and other excursions’, Martin Amis recopila una larga entrevista a Updike en la que él concluye que no está sólo ante una eminencia, sino ante un privilegiado testigo de una época, pero no secundario, sino ante de uno de sus protagonistas. La propia memoria de Amis se ve dividida: ya sea por su admiración y deuda con el novelista, como por la posición aventajada del maestro, lector y amigo de Kinglsey Amis y protagonista de la extraña desintegración familiar de que el infante Amis presenció de un modo más inocente. Al final de su ensayo, el escritor inglés recala en la importancia de ser Updike: pocos autores tan icónicos (y grandes) en estos últimos años.


Propongo, pues, repasar el legado de este grande de las letras norteamericanas. Su obra maestra es, seguramente, ‘Corre Conejo’, una impactante segunda obra que formó el gran opus novelístico del autor. La segunda novela de Updike, se abre con un tono que es deudor tanto de J.D. Salinger como de Alain Robbe-Grillet (con un inicio brutal, alargando y describiendo hasta el límite la escena de un partido de beisbol) y nace, según su autor, como una respuesta a Jack Kerouac y su idealizada travesía narrada en su célebre ‘On the Road’. También es el sello final a la ficción suburbial, que ya habían engrandecido desde us padre, Francis Scott Fitzgerald, hasta sus dos maestros, John Cheever y Richard Yates, a los que dedicó gran parte de sus mejores y más interesantes críticas.

Tal y como señala Rodrigo Fresán, el gran maestro del escritor es Vladimir Nabokov. También Marcel Proust, sobre el que escribió que fue capaz de captar la sustancia de la vida. La experiencia primera de leer al creador de Harry “Rabbit” Angstrom es singular: uno se siente impresionado por su inmensa capacidad para las descripciones, su obsesión con los detalles, tanto que muchas veces paralizan las narraciones. Funciona mejor su talento cuando las construyen, cuando se decide el escritor a componer novelas puntillistas, novelas-paisaje capaz que encajan mejor en el perfil suburbial. Un buen ejemplo de su talento es la célebre ‘Parejas’ publicada en 1968, en plena fiebre de liberación sexual y en un momento de cambio histórico. Un ejemplo del peor Updike es ‘Memorias de la Adminstración Ford’ en la que propone contar dos pasos presidenciales patéticos y fracasa en su estructura, que termina descompensada por justo esos momentos de extrema cotidaneidad que no parecían estar incluídos en su ambición inicial.

Harold Bloom consideraba ‘Las brujas de Eastwick’ como la cima de Updike. Es, desde luego, su obra más compleja, en la que propone una variante más exquisita de su habitual narración de hombres que desafían el día a día, de personas enfrentadas ante la vida y presionadas por ella. No es casualidad que Updike usara en su entrega inaugural de Conejo, el tiempo presente, algo que entonces sólo compartía con pocos escritores, entre ellos Albert Camus. De todos modos, la historia de tres brujas perversas es la que perdurará como la más extraña y heterodoxa de sus novelas: se mezcla en ella un tono fantástico que luego rozaría en ‘Hacia el fin del mundo’, una variante posapocalíptica de la encantadora vida residencial y de los múltiples problemas interiores.

Viendo una serie tan brillante como ‘Mad Men’ y viendo el anuncio de su creador, Matthew Weiner de la escuela de ‘Los Soprano’, de que la serie dure, al menos, cinco temporadas más. Es inevitable pensar que las series comparten la ambición y posibilidad narrativa de la novela. Pero la decisión de esta serie de cubrir la segunda mitad del siglo XX recuerda mucho a lo que supuso Conejo para en el panorma literario. Los lectores más exigentes deberían tener en su librería ‘Rabbit Redux’ que agrupa toda la saga y permite observar el preciso dominio del inglés del que hacía gala su autor. La obra total sólo es comparable a otras de Philip Roth (como ‘Pastoral Americana’) en su ambición de hablar de un tiempo, de una Historia, de un país y de crear una ficción capaz de resolver sus problemas con la realidad, quizá el problema que trató de resolver a lo largo de los años. El del realismo y sus sistemas, al que Updike reta con su ficción en muchas ocasiones, demostrándose un maestro para saltar de una voz a otra o para describir las emociones de un personaje en una línea, una virtud heredada de otro de sus maestros, Gustave Flaubert. Su último best-seller fue ‘Terrorista’, una novela que se ocupaba de la realidad norteamericana pos11S. La novela no es de sus mejores, el mismo James Wood señala un deje un tanto simplificador y estereotipado en la construcción de sus personajes y sus sentimientos, pero si una rara variante de thriller: uno con preocupaciones metafísicas, el centro de la historia es la existencia de Dios, y una subtrama política resuelta de una forma humanista, didáctica. El resultado es una obra lo suficientemente inteligente, lo cual es de agradecer, sabiendo ya el autor que su proyecto más largo y ambicioso había sido completado.

Tampoco hay que olvidar la importancia del Updike cuentista. En sus cuentos destilaba una capacidad para crear climas dramáticos, narraciones sosegadas, todavía mucho más microscópicas de lo habitual y una economía narrativa que muchas veces le faltó a sus novelas. Tal vez el cuento sea mejor para capturar un instante o para describir la interrupción del mismo enmedio de la vida de un personaje. En castellano ‘Lo que queda por vivir’ es la colección más completa hasta la fecha, conteniendo unas historias con unos personajes absolutamente vivos y cercanos, casi molestos en su incomodidad. En inglés, el delicioso ‘The Early Stories’ recopila su etapa más fecunda y temprana, en la que empezó como colaborador en el New Yorker, un magazine al cual fue fiel hasta hoy mismo.

Resulta indignante la falta de traducciones de su poesía, entre las cuales brilla ‘The Carpentered Hen’ también uno de sus primeros libros, o de sus libros de ensayo, ya sea sobre literatura, sociedad o arte. Adquirí encantado el último, ‘Due Considerations’, en los que el Updike crítico se demostraba a la altura de un Edmund Wilson, y hablaba sobre sus viejos maestros (los citados Proust, Nabokov), sobre compañeros de generación (Don DeLillo) o sobre nuevas voces (Andrew Sean Greer, Haruki Murakami). Lo explicaba Christopher Hitchens en su reseña mejor que yo: Updike es un gran crítico porque es capaz de proponer nuevos modos de lectura.

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