Lord Byron o la ambición de escandalizar

Si existe un periodo y un lugar en que abundaron los personajes excéntricos y amigos de escandalizar, éste fue la Inglaterra del siglo XIX. Y, probablemente, quién deba estar al frente de la lista de estos singulares individuos sea Lord Byron, buen poeta y mejor publicista de sí mismo, que se forjó una leyenda de maldito que muchas veces era, sencillamente, pura metáfora literaria.

La Inglaterra del siglo XIX es un pozo sin fondo de personajes tan ricos como excéntricos, que se complacían en escandalizar a la sociedad con sus originalidades y salidas de tono. Claro que muchos de los actos de los que se jactaban eran falsos o, más bien, simples metáforas literarias.

Foto de Lord Byron

Lord Byron

Probablemente, quién deba ocupar el número uno en esta lista de personajes sea Lord Byron, aristócrata y literato más ocupado de acrecentar su leyenda de maldito que de escribir poesía. Y no es que lo hiciera mal, sino que su mayor ambición era causar impacto con sus excentricidades y supuestos actos macabros.

George Gordon Noel Byron nació en Londres el veintidós de enero de 1788 y, diez años después heredó el título de Lord. Era más bien bajo, algo grueso y tenía una cojera de nacimiento. Al parecer, en la Universidad de Cambridge tuvo sus primeros encuentros homosexuales –con el otro género ya los había experimentado tiempo atrás-, de los que alardeaba abiertamente para escándalo de sus profesores.

Cuando se aburrió del ambiente universitario, comenzó a viajar por el sur de Europa. Visitó España, Italia, Albania, Grecia y Malta. Fruto de los recuerdos de estos viajes sería su primer escrito importante, Las peregrinaciones de Childe Harold y, poco después, publicaría uno de sus poemas más populares, El corsario, al que seguirían otras obras.


Por entonces, inició una relación con su hermanastra, Augusta Leigh, a la que dejaría para casarse con la rica heredera Anna Isabella Milbanke, con la que tendría una hija. Aunque él se complacía públicamente de haberse casado por dinero, ello no deja de ser una impostura, pues su fortuna personal no era escasa. Sea como fuere, se separaron rápidamente.

Como la pacata Inglaterra comenzaba a hartarse de sus escándalos, se instaló en Ginebra con Polidori, algo más que su secretario particular. Después cambiaría la gris Helvecia por la luminosidad italiana, viviendo en Pisa y Venecia. Por entonces escribe su Don Juan, versión del mito que casaba muy bien con su disipada vida.

Foto de la mansión de Byron

Newstead Abbey, propiedad que Lord Byron vendió por cien mil libras

Pero debía aburrirse porque, cuando los griegos se sublevaron contra la dominación turca, reclutó de su bolsillo tropas y se unió a la rebelión. Aparte de simpatizar con el estilo de vida mediterráneo y haber cruzado a nado el estrecho de los Dardanelos, ninguna vinculación lo acercaba a esta causa. Hay quién ha señalado que los independentistas le habían ofrecido coronarlo rey.

Sea como fuere, Byron murió a causa de unas fiebres durante el asedio de Missolonghi. A pesar de su juventud, dejaba tras sí una larga estela de escándalos y excentricidades. Pero también algunos excelentes poemas.

Fuente: Biografías y vidas.

Foto: Lord Byron: Jan Arkesteijn en Wikimedia | Newstead Abbey: Tony Bacon en Geograph

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