Origen y cambios en el mundo de las geishas

Las geishas japonesas aún continúan rodeadas por un cierto halo de misterio. ¿Qué encierra su desconocido mundo? ¿Hay en la actualidad geishas?

El desconocido mundo de las geishas

Si existe un mundo que ha sido celosamente guardado y siempre ha poseído cierto halo de misterio, es sin duda el de las geishas.

Inicialmente, las geishas comenzaron siendo hombres, pero cuando las geishas femeninas fueron más numerosas, el término empezó a utilizarse como se concibe en la actualidad: mujeres japonesas que brindan entretenimiento a través de las artes.

Sin embargo, el pensamiento occidental no termina de asimilar que ser geisha no es sinónimo de prostituta. Su trabajo consiste en manejar el sutil arte de la seducción junto con la dominación de las artes tradicionales japonesas. Únicamente las llamadas cortesanas podían brindar ese tipo de servicio, no las geishas tradicionales. No obstante, sí es frecuente que una geisha de alto nivel tenga un amante adinerado que le ayude a prosperar en su carrera.

La apariencia de una geisha es una de sus principales características. Es corriente ver en los distritos de Gion y Pontocho (dos reconocidos distritos de geishas de Japón) a jóvenes que caminan deslizando los pies en pequeñas sandalias de madera, brillantes kimonos y extravagantes peinados, con los labios pintados de rojo carmesí y la cara y las manos cubiertas por una base blanca.

En el pasado, era habitual que muchas niñas fueran vendidas por sus familias a las casas de geishas (okiyas) y fueran formadas en las antiguas artes japonesas e instruidas en el entretenimiento a los hombres para que, cuando estuvieran listas, la okiya pudiera rentabilizar la inversión que había hecho en la joven. En la película dirigida por Robert Marshall, Memorias de una geisha (2005), así como en el libro que dio lugar a ella, se muestra cómo una niña japonesa es vendida para comenzar su destino como geisha.

Desde que las geishas aparecieran en la sociedad japonesa, el país ha cambiado mucho. Estos cambios han traído consecuencias al mundo de las geishas constantemente, desde la época dorada de los años 20, donde el número de geishas alcanzó su cima con 80000 jóvenes dedicadas a este oficio, a los devastadores efectos de la Segunda Guerra Mundial, donde fueron símbolo de patriotismo japonés y conservación de sus artes.

El número de geishas ha disminuido desde entonces, quedando actualmente apenas mil. Sin embargo, muchos aspectos se mantienen: siguen estudiando música y baile tradicional, así como la ceremonia del té. El kimono sigue siendo su prenda característica, y siguen cuidando el trato con sus clientes.

Peter Mc Gill, en su artículo El ocaso de las geishas, explica que actualmente son pocas las japonesas que se atreven a adentrarse en el mundo de las geishas, ya que el entrenamiento es muy severo y las jóvenes no ven atractivo un mundo anclado en el pasado. Parece que el esplendor que este mundo tuvo en el pasado, está condenado a desaparecer sin remedio.

Imagen: Fotopedia

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