Cuando el rumor se convierte en noticia

Noticias basura: apetitosas, baratas, rápidas y fáciles de consumir; y todo ello logrado a costa del rigor y la honestidad. Esa es la realidad de los medios de comunicación de la sociedad postindustrial: un mundo globalizado donde la actualidad queda reducida cada día a un lid y un titular; un mundo donde la opinión ciudadana es acaudillada por líderes de opinión; un mundo donde la primacía de los intereses políticos y económicos, rara vez por el bien común, aboca al engaño y al silenciamiento de datos y hechos. Así lo corrobora Xavier Mas de Xaxás en su libro: ‘Mentiras: viaje de un periodista a la desinformación’.

Periodistas

Cada vez más, los periodistas engañan, manipulan y rumorean.

Parece innegable cada vez más la proclividad de los medios de comunicación a una tendencia política como estrategia comercial, que acaba desembocando en un periodismo publicitario del que solo se puede esperar una versión reducida y limitada de la realidad. Una prensa sensacionalista que rehuye de temas tabú y cae en la tentación de juntar opinión e información. Un periodismo que silencia y difama en su carrera contrarreloj por conseguir la mejor exclusiva, basada en el peor periodismo: el rumor.

Los periodistas, conducidos por una desaforada esperanza de alcanzar la verdad, acaban privando de ella a la humanidad al situarse en el seno de la utopía. Los medios en la actualidad ya no son capaces de fortalecer las sociedades democráticas contemporáneas. Los códigos deontológicos solo son una coraza para ocultar la mentira, la censura y las rutinas de producción. ¿Cuál es el futuro del periodismo?

Olvidémonos por un momento del cuento rosa en el que vivimos soñando o confiando acérrimamente en los medios. Detrás del tópico de que vivimos en una sociedad transparente en la que todo se hace público, lo que verdaderamente se descubre es una sociedad con un escaso y deformado nivel informativo, producido por un sistema de la comunicación que bajo el estruendo de sus ruidos encubre la naturaleza misma de las cosas y engaña a todo ciudadano que ha depositado sus esperanzas en el buen periodismo.

Hablamos de buen periodismo cuando los periodistas son narradores de verdades y no líderes de opinión disfrazados de poder; cuando los periodistas no están sometidos a la censura política, económica y religiosa; cuando informan con propiedad y documentación sobre cualquier ámbito de la actualidad sin caer en las garras subjetivas del editorialismo; cuando buscan y describen hechos objetivos colmados de interés social. Hablamos de buen periodismo cuando los periodistas luchan única y exclusivamente por destapar la verdad. Afortunadamente, podemos volver los ojos hacia 1972 cuando Carl Bernstein y Bob Woodward desentramaron el caso Watergate, para demostrar que el buen periodismo no es una utopía más.

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