¿Se basaba el doctor Watson en el propio Conan Doyle?

Cuando un escritor termina una obra, inevitablemente ha dejado aquí y allá elementos autobiográficos. Pero hay casos en que el parecido entre el autor y uno de sus personajes es muy elocuente. Así sucede entre el mítico Arthur Conan Doyle y su creación, el fiel doctor Watson, comenzando por el hecho de ser ambos médicos.

Es indudable que en toda obra literaria hay mucho de su autor. Sin necesidad de pensar en el autobiografismo, cuando alguien escribe un relato o un poema va dejando aquí y allá rasgos de su vida y de su personalidad. La asepsia es imposible para un creador.

Foto de Conan Doyle

Sir Arthur Conan Doyle

Pero hay casos –no confesados por el autor, es decir, no abiertamente autobiográficos- en que las semejanzas entre éste y alguno de sus personajes son muy claras. Uno de ellos es el que se da entre el mítico Sir Arthur Conan Doyle y su inigualable criatura el doctor Watson.

Sin detenernos en el hecho de que en muchas de las obras de Sherlock Holmes se nos dice que son transcritas por su fiel ayudante, cronista de sus aventuras -al igual que, al fin, lo era Doyle-, son muchos los paralelismos que pueden establecerse entre escritor y personaje.

Arthur Conan Doyle nació en Edimburgo, el veintidós de mayo de 1859. Tras licenciarse en Medicina –primera similitud entre ambos-, realizó su doctorado en su ciudad natal, en cuya universidad conoció al profesor Joseph Bell, un genio de la deducción en el que muchos han visto el modelo de Holmes.


Al igual que Watson había sido médico militar en las guerras coloniales antes de recalar en Londres, Doyle también tuvo su dosis de aventuras. Primero fue enrolado para cuidar de la salud de los tripulantes en el ballenero Hope y, más tarde, en el vapor Mayumba, que hacía el recorrido entre Liverpool y las costas africanas (por no mencionar su posterior participación voluntaria como cirujano militar en la Guerra de los Boers).

También como el personaje, su creador terminó por cansarse de la vida aventurera y decidió regresar a su país para casarse y abrir una clínica. Y, al igual que Watson era aficionado a la literatura y cronista de las aventuras de su genial compañero, Doyle también decidió dedicarse a escribir. La diferencia está en que a éste último le sonrió la fortuna y pronto alcanzó el éxito con su inolvidable pareja.

Foto de un monumento a Conan Doyle

Monumento a Conan Doyle en Crowborough

Como vemos, no son pocas las semejanzas entre el escritor y su personaje, que se parecen incluso en el carácter bondadoso y desprendido a la hora de ayudar al prójimo de ambos.

Al fin y al cabo, no hay nada de extraño en que un autor incluya rasgos de sí mismo en la creación de un personaje. Es lo más normal porque la imaginación no puede desprenderse del resto de la personalidad y el escritor que diga que en sus obras no hay nada de autobiográfico se engaña a sí mismo o, sencillamente, está mintiendo para darse importancia.

Fuente: Sherlock Holmes on line.

Fotos: Conan Doyle: Matanya en Wikimedia | Monumento a Doyle: Simon Carey en Flickr.

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