Serranillas del Marqués de Santillana, una encantadora ficción lírica

Los orígenes de la poesía castellana se encuentran en la épica. Pero, posteriormente y por influjo de la lírica provenzal, se inicia otro tipo de poesía más íntima. De ella proceden las serranillas, composiciones breves en versos de arte menor que narran el encuentro de un viajero con una serrana. Su mayor cultivador fue el Marqués de Santillana, quién también cultivó la poesía culta de origen italianizante.

Según Menéndez Pidal, los orígenes de la poesía castellana se encuentran en la épica y, más concretamente, en cantares de gesta que narraban las hazañas de valientes caballeros, cuya mejor muestra es el Poema de Mío Cid. Estas largas composiciones se fragmentaron en los romances que generarían una larga tradición.

Foto de un retrato del marqués de Santillana

Retrato del marqués de Santillana

Pero –al margen de la vertiente culta del Mester de Clerecía– también existe una poesía de tipo amoroso cuyo origen se halla en las cantigas galaico-portuguesas y en el influjo de la lírica provenzal y su convención del amor cortés.

Entre los géneros poéticos de ésta última se encuentra la pastorela, composición breve de tipo sentimental que narra el encuentro bucólico de un caballero y una pastora, a la que corteja, tratando de obtener sus favores, y que suele acabar con el ingenioso rechazo de la muchacha. Todo ello, dentro de las normas de la lírica provenzal, es una invención y un mero juego literario.

De la pastorela deriva –aunque con fuerte componente autóctono- un género poético muy popular en la época final de la Edad Media en España: la serranilla, cultivada por poetas cultos como el marqués de Santillana o el Arcipreste de Hita en su Libro de Buen Amor. Se trata de composiciones en verso de arte menor de contenido lírico-narrativo que, a semejanza de aquéllas, cuenta el encuentro de un viajero con una mujer de la sierra que acostumbra a pedir a éste un peaje –a veces sexual- y entre los que se entabla un diálogo picaresco e ingenioso.


Como decíamos, uno de sus mejores cultivadores fue Iñigo López de Mendoza (Carrión de los Condes, Palencia, 1398-1458), marqués de Santillana, extraordinario poeta de los años finales de la Edad Media que, por su condición aristocrática, sirvió al rey Alfonso V de Aragón, cuya corte se hallaba en estrecho contacto con las provenzales y con Italia, lo que permitió al escritor saber de la obra de Dante, Petrarca y de los trovadores.

Foto de Carrión de los Condes

Una vista de Carrión de los Condes, donde nació Santillana

Fruto de ello fue su amplio conocimiento de los nuevos estilos poéticos venidos del país transalpino, que se reflejarán en sus Sonetos fechos al itálico modo, cuarenta y dos composiciones que suponen la introducción de esta estrofa en la literatura española, la cual sería posteriormente utilizada por todos los grandes poetas. Y también la Comedieta de Ponza, que sigue los pasos de las alegorías dantescas.

Las serranillas del marqués de Santillana constituyen lo mejor del género en castellano. Son encantadores poemas breves en que la aguerrida muchacha aparece idealizada y rinde de inmediato la voluntad del viajero, que cae a sus piés, aunque, a veces, sus intenciones no sean del todo honradas.

Podéis leer las serranillas aquí.

Fotos: Marqués de Santillana: Carlosblh en Wikimedia | Carrión de los Condes: FreeCat en Flickr

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