Bésame Mucho, Carlos González

Este libro, que ha caído en mis manos casi por casualidad, representa una forma diferente de criar a nuestros hijos. Digo diferente porque actualmente se aconsejan otras teorías, sin embargo la que nos presenta Carlos González es la más antigua forma, la que se empleaba en los pueblos desde la antigüedad: criar a los hijos con amor, con mucho amor.

Cuando un bebé llega a una familia, sobre todo en el caso de ser el primer hijo, siempre se crean unas expectativas difíciles de cumplir en la realidad. Atender al niño en todo momento se convierte en la prioridad indiscutible para la madre, dejando en manos de su pareja y/o de otros familiares las tareas de la casa, la comida, la compra, etc. Aún así, a pesar de tener gente a su alrededor, o quizá por eso, la madre primeriza se ve sometida a una gran presión en muchos casos debido a los consejos tan diferentes que recibe de su entorno.

Tanto las amigas como las mujeres de su familia se empeñarán en aconsejar diferentes actitudes en relación al tratamiento que debe dar al recién nacido. Básicamente aún está muy extendido en nuestra sociedad, aunque mucho más en los países anglosajones, aquello de permitir que el niño llore durante X tiempo antes de ir a calmarlo, y nunca cogerlo, sino hablarle y acariciarle hasta que deje de llorar. Es lo que últimamente se conoce por método del Dr. Estivill, aunque este autor lo ha recogido y traducido de otros anteriores en el tiempo.


El otro día me encontraba en una sala repleta de mamás con sus bebés de poco menos de un mes de vida, y una de ellas comentaba casi con vergüenza que su hijo sólo se calmaba durante la noche si ella o su marido lo cogían en brazos. Y entonces me acordé de lo leído en Bésame Mucho, y pensé que cuando saliéramos le iba a comentar lo que dice este libro y todo lo que lleva asociado cuidar de tu hijo a todas horas, no sólo de día, pues es la explicación perfecta de la otra tendencia mayoritaria en educación infantil.

Así que por un lado está aquella liderada por el Dr. Estivill en la que se prohíbe literalmente a los padres hacer nada que no se les haya explicado previamente en los libros que el autor ha publicado. Básicamente, y a grandes rasgos, sería hacer dormir al niño solo, sin los padres, poniéndolo en una habitación separada de ellos y acudiendo a calmarlo si llora sólo durante unos minutos, salir, esperar a que vuelva a llorar y volver a entrar, pero no cogerlo en brazos ni dormir con él.

A mí personalmente me parece una barrabasada hacer esto a  mi hijo, prefiero mil veces la teoría que se explica en este libro, que es darle todo el amor, el cariño y la dedicación que él se merece y que yo quiero aportarle. De hecho, en mi familia y en la mayoría de las que conozco, los niños duermen en la misma habitación que sus padres hasta los siete u ocho meses como mínimo, por no decir que muchos siguen queriéndose meter en la cama con los papis hasta que han cumplido los diez. Y ninguno de ellos se ha traumatizado por esto, muy al contrario, se sienten queridos y valorados dentro del núcleo familiar. Es lo que se conoce por colecho.

En este fantástico libro encontramos una parte dedicada a explicar y tratar de refutar teorías que el autor no comparte, entre ellas la puericultura fascista, el conductismo aplicado a los más pequeños, enseñar a los niños a dormir (método del Dr. Estivill), las bofetadas como método educativo, y los falsos mitos en torno al colecho.

Por eso, para facilitar el acoplamiento de madre e hijo en los primeros momentos, para evitar sentimientos de culpabilidad en los padres al pensar que están “malcriando” a sus hijos por dormirlos en brazos o meterlos en la cama con ellos, recomiendo encarecidamente la lectura de este libro a todo aquel que tenga un bebé cerca. Gracias a Carlos González me he sentido reafirmada en mi opinión de que si el instinto me dice que debo coger a mi hijo cuando llora, probablemente sea porque es bueno para los dos. ¿Quién de entre nosotros no recuerda lo seguro y feliz que se ha sentido en los brazos de sus padres? ¿Por qué, entonces, debería yo renunciar a dar esa seguridad a mis hijos? ¿En nombre de qué ciencia impersonal? Prefiero mil veces que se encuentre cómodo y feliz a que aprenda a dormir solo, seamos realistas, los padres somos los primeros que dormimos acompañados, ¿por qué privar a nuestros niños de esta sensación?

Mientras avanzaba en la lectura de Bésame Mucho he podido constatar que las ideas que expresa el pediatra en el libro son fruto de una atenta observación de sus pacientes, pero también de una investigación profunda de los instintos grabados en nuestro subconsciente y en el de nuestros hijos. Veamos algunos ejemplos.

Una de las ideas que más fácilmente se asimilan, en parte gracias a la facilidad del autor al exponerla, es la de por qué los niños lloran por la noche y por qué los padres debemos permanecer junto a ellos (o ellos junto a nosotros) para prevenir este llanto. En los albores de la humanidad, cuando nuestra especie vagaba en pequeños grupos de menos de veinte individuos por las praderas, las llanuras y los montes, un niño que no llorara al sentir que su madre no estaba junto a él podría ser presa fácil de los depredadores, sin embargo, uno que berrease hasta la extenuación tenía más posibilidades de sobrevivir porque su madre acudiría rápidamente a su lado y lo protegería de los peligros. De esta forma, los genes de los “llorones” serían más fácilmente heredables por sus descendientes, básicamente porque los niños que permanecieran callados serían eliminados por hienas, leones o lobos, sin posibilidad de crecer y reproducirse.

Por supuesto, no significa que sea una verdad absoluta, todo lo escrito en el libro es susceptible de opinión, y mientras esta forma de pensar en la que el contacto físico con los padres o cuidadores es básico para la formación de la persona como tal, otras muchas teorías han llegado hasta nosotros durante décadas sugiriendo otras opciones como mejores para criar a nuestros hijos.

El pediatra Carlos González se revela en este libro como un escritor notable. El buen humor que impregna las páginas hace muy fácil su lectura, a la vez que ameniza un tema que para muchos padres y madres actuales puede llegar a ser agobiante: la relación con sus hijos. Encontramos muchos ejemplos en los que nos damos cuenta de cómo lo que los pediatras dicen llega a pesar más en las madres que su instinto maternal. En la mayoría de las ocasiones las mujeres tenemos ese sexto sentido para saber qué es lo mejor para nuestros hijos, no deberíamos infravalorarlo, sino hacerle caso.

Foto 1: Reina de los Mares

Foto 2: Italianoclass en Flickr

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