‘Como agua para chocolate’, de Laura Esquivel

La novela Como agua para chocolate de Laura Esquivel, resalta los efectos mágicos del sexo y la cocina en una mujer víctima de la tiranía de su madre, Tita. Ella se adueña del espacio de la cocina para no dejar de perder la esperanza en reencontrarse con su amor de adolescencia. Ayudada por espíritus y por el secreto de arder en la entrega total del amor, se reune en la muerte con Pedro, su primer novio para no vivir sin a quien entregar su deseo.

Laura Esquivel

Laura Esquivel (México, 1950) le da una dimensión de sensualidad a la cocina como espacio femenino en su novela ‘Como Agua para Chocolate‘ (1989), la que fue llevada al cine con su propio guión y la dirección de Alfonso Arau en 1992. Esta novela mezcla episodios de humor con la clásica y conocida opresión femenina en las familias latino americanas de inicios del siglo 20. La historia es narrada por la sobrina nieta de Tita, dando relieve a los poderes mágicos de la protagonista y su amor por Pedro.

Como toda obra feminista, se opone al patriarcado o régimen de autoridad familiar masculina, pero disfrazándolo en la ahombrada, cruel y tiránica Mamá Elena, quien hace de Tita, su hija, una esclava hasta su muerte, conservando una injusta ley en esa familia, que disponía que la hija menor, debía cuidar de la madre de familia hasta su muerte, sin poder casarse antes. Con este pretexto, el novio de Tita, Pedro, es casado con Rosaura de la Garza, hermana mayor de Tita.

La cocina como espacio femenino

Las recetas del libro de cocina de Tita no marcan un año calendario, sino periodos de la vida de la protagonista desde su adolescencia en que se le quita el novio hasta la recuperación y disfrute de esta pasión a la muerte de Rosaura, tan mala como Elena, quien no sabía cocinar y es castigada en el relato con una enfermedad mortal que la pudre y hace morir con flatulencias. Tita vive con las empleadas Nacha y Chencha en la cocina, ellas le dan la protección que le falta.

La cocina es el único espacio de poder para Tita, mientras está impedida de liberar su sensualidad. Desde este ambiente puede estropear la boda de Rosaura y Pedro Muzquiz al llorar sobre la masa del pastel y desencadenar una vomitona colectiva. Rosaura tiene hijos con Pedro, pero como es parte del sistema opresor de la mujer, no tiene el rasgo materno en su configuración y es Tita quien amamanta a este sobrino Roberto. Como crítica a la maternidad para enganchar al hombre, Rosaura se deforma con cada hijo.



Rosaura es madre de forma mecánica e instrumental, pero no lo es en el ethos definido de mujer tierna y sensible. Su fealdad es reflejo de su maldad, ya que pasan los años y de Tita sigue atractiva frente a ella. Elena también es madre sin el ethos sublime que debería tener, dotada de una fuerza increíble, es una amenaza para la frágil Tita, a quien golpea y manda al hospital. Incluso como fantasma reprocha a Tita haber copulado con Pedro, pero ya Tita no le temía.

La puta heroica

Gertrudis es hermana de Tita, pero es hija de un mulato que siempre amó a Elena. Esta dotada de una sensualidad desbordante, al punto de evaporar el agua de la ducha, en ese momento sale desnuda del cuarto de baño que se incendia y el revolucionario Juan Alejandrez se la lleva copulándola a caballo. Con un inmenso fuego en las entrañas, Juan se ve obligado a dejarla en un burdel para que se sacie hasta que sienta que puede volver con él. Se casan y se vuelve generala de la revolución.

Todo el tiempo que Gertrudis putea, la inocente Tita cree preocupada que está con frío por su desnudez. Esta consumada prostituta recoge el valor feminista de impedir el embarazo a voluntad, lavándose la vagina con vinagre. Como media hermana de Tita da a luz un mulato con Juan, sin embargo, este muchacho hereda el único rasgo positivo de Elena, los ojos azules, que en Latino América son fuente de prestigio social por su escasez en la configuración racial, salvedad de la población criolla.

La heroicidad de Gertrudis la opone a su madre Elena, quien es contraria a toda causa de justicia, por ello en vida, esta dura mujer patriarcal recibe la sanción del relato de la violación a mano de revolucionarios en su rancho, día funesto para la buena Chencha, que la acompañó en tal vejación, sin embargo esta empleada conseguirá el verdadero amor tiempo después. Tita no putea, solo es adúltera con Pedro, sin embargo el relato redime a la puta Gertrudis por su simbiosis y tutela con Tita.

El realismo mágico:

La cocina es un espacio de magia, para lograr los fines de Tita a lo largo de su vida, allí también recibe la visita de Nacha como fantasma que le guía en el camino al disfrute de su sensualidad. John Brown, el gringo en el pueblo mexicano también tiene una cosmovisión mágica; pues su abuela fue de la tribu kikapú y le reveló el secreto para encenderse con el amante mutuamente en el sexo cuando el Eros era totalmente correspondido, esta mujer fantasma también visita a Tita.

Libres de todo impedimento para su amor Tita y Pedro ya maduros gozan por última vez en el rancho. Pedro muere y Tita come fósforos para arder con el rezago de su deseo y unirse a su amor en la muerte Todo el rancho se incendia y los espíritus de Tita y Pedro resplandecen en el fuego. Este final lleva la tesis feminista de banalización del matrimonio, pues pasó un tiempo en que viudo Pedro, pudieron haberse casado, sin embargo la solución para el feminismo es el sexo libre de formalización.

Tita mantiene el amor de su vida, ya que sabe que Pedro se casó con Rosaura solo para estar cerca de ella, sin embargo Brown era un buen sustituto, pero carecía de la pasión de Pedro. Tita para consumar su amor debe contar con el apoyo de los espíritus, el tutelaje de Gertrudis, quien se inicia en el puteo con poderes mágicos, interactúa con su hermana para trascender la prostitución y aprender la decisión y dominio de carácter de la puta redimida, quien apoya sin contaminar a su hermana.

Conclusión

Esta novela entretiene a pesar de sus tesis feministas, ya que el patriarcado está camuflado en la madre de familia Elena, eje y centro de la tiranía contra la libertad sexual de la mujer. El matrimonio es un bien perdido en el tiempo, sin posibilidad de actualizarse, se reemplaza por el común acuerdo de Tita y Pedro. Tita madura en sexualidad pero mantiene la pasión de adolescencia por su amor primigenio.

Como agua para chocolate
Laura Esquivel

De Bolsillo, 2003, 216 páginas

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