Henry James

Henry James fue uno de los escritores del siglo XIX que dejó una voluminosa obra cuyo hilo conductor común en muchos de los títulos publicados es la confrontación en el escenario de la literatura de la cultura Europa y la norteamericana.

henry_james3.jpgHay novelas donde ocurren todo tipo de acontecimientos y peripecias y sin embargo al lector le dicen muy poco o casi nada, y hay otras donde se narran situaciones sencillas de la vida que, en cambio, se arraigan en la memoria de quien las lee, dejando su indeleble huella. Esto último se experimenta leyendo a Henry James, un autor que precisamente se ha caracterizado por no estancarse en la anécdota como tal, sino que se empeña en la búsqueda de formas para presentarla. Ese cómo plantear las historias lo conduce en sus novelas de corte internacional, a otorgarle a lo trivial una importancia insospechada.

Estas novelas ambientadas en Paris, Roma, Boston, Nueva York, Londres, Venecia, Florencia, se derivan de la atracción que la cultura europea ejerció en este autor nacido en Nueva York en 1843, pero familiarizado por su educación y por sus viajes con el viejo continente. Sus continuos viajes a ese destino lo convirtieron en un juicioso observador del comportamiento de sus compatriotas americanos en escenarios europeos tales como los museos, los restaurantes, y los hoteles. En realidad lo que hace Henry James en estas novelas es confrontar a Europa y América; Europa es el viejo continente con su decadencia a cuestas, y América es uno nuevo, que equivale a la renovación.

La primera novela de Henry James que se inscribe en esta tendencia fue Rederick Hudson (1876. Aquí el autor cuenta la historia del fracaso de un escultor norteamericano que viaja a Roma buscando la tradición artística que no encuentra en Norte América.

En El americano (1877), un hombre norteamericano, durante una visita de negocios a Paris, se enamora de una mujer de origen noble, pero sus aspiraciones románticas se frustran frente a la férrea oposición de la familia de la aristócrata.

Daisy Miller, publicada en 1878, aborda el tema de una joven norteamericana impetuosa que se decepciona ante las normas de comportamiento establecidas en Europa.



Los europeos (1878), que a mí me resulta la más atractiva, nos relata la historia de unos americanos europeizados que entran en contacto con el ambiente rural de las cercanías de Boston, un mundo nuevo y desconocido para ellos. Allí están sus primos americanos que intentarán introducirse y comprender la atmósfera social artificialmente creada por los europeos en la casa en la que residen. En esta novela James les da a los europeos cierta simulación y snobismo. Esta pareja está conformada por Felix Young y su hermana Eugenia, cuyo propósito es impresionar a sus primos con sus posturas de aristócratas, ya que Eugenia recibió el título de baronesa de Munster cuando contrajo matrimonio con un príncipe alemán que decide separarse de ella por razones de su condición plebeya. Eugenia busca con su viaje a América encontrar otra oportunidad para un segundo matrimonio de conveniencia. Estos personajes contrastan con la imagen sencilla de los americanos, y de unos y otros sabremos por las opiniones que cada grupo se haga de su contrario, pues si los europeos se nos presentan como personajes complicados y difíciles desde el punto de vista de los americanos, los americanos aparecerán, según el punto de vista de los europeos, como unos bostonianos provincianos e ingenuos.

En Washington Square (1881), Henry James presenta de nuevo el contraste de dos civilizaciones como marco del amor filial de una joven poco agraciada por su padre severo y distante, y el amor romántico que le inspira un atractivo cazafortunas. Catherine Sloper es una mujer que debe sufrir los rigores de un dominio patriarcal muy común de la era victoriana, logrando emanciparse mientras lucha por ese amor imposible. Según Graham Greene esta era “la única novela en que un hombre ha conseguido invadir el campo femenino produciendo una obra comparable a las de Jane Austen”.

En el mismo año de 1881, aparece Retrato de una dama, cuya protagonista es Isabel Archer, una americana en tierras europeas que tiene cuatro pretendientes y se decide por el candidato con menos posición social y estabilidad económica, pero culto y de gustos exquisitos. A través de la lectura el lector va concluyendo que esa elección no fu acertada.

lasbostonianas_1.jpgLas bostonianas (1886), está centrada como Washington Square en Nueva Inglaterra. Aquí Henry James plantea el surgimiento del sufragismo a finales del siglo XIX. Las primeras sufragistas bostonianas son mujeres de situación económica estable que emplean su dinero en favorecer a los desposeídos. La líder de este grupo es Olive Chancellor, quien convierte en portavoz del naciente movimiento feminista a la joven y bella Verena Tarrant, de quien se enamora, protagonizando así una de las primeras historias de amor lésbico en la literatura moderna.

En Los embajadores (1903), un grupo de emisarios viaja a Paris para convencer a un millonario de Massachussets que vuelva a su ciudad natal, pero serán ellos también quienes queden rendidos ante los encantos de Paris, olvidándose de los motivos de su viaje.

Henry James tuvo preferencia por personajes refinados, la mayoría de ellos citadinos y obedientes a las exigencias de su clase social. El autor los describe a través de una prosa que no se aparta de una minuciosidad y de una sutileza que convergen en el realismo psicológico. Con Flaubert, Zola, y Turguénev, a quienes tuvo oportunidad de conocer, Henry James comparte la idea de que el novelista debía ser un observador objetivo de su realidad.

En 1876 Henry James se estableció definitivamente en Londres. Había vivido en Roma, Paris, y Nueva Inglaterra. Al igual que en la narrativa y en la dramaturgia, se destacó en el campo de la crítica literaria en ensayos como Retratos Parciales, a cuyos principios se acogieron autores como Virginia Woolf , Joseph Conrad, y Catherine Mansfield, en Poetas y novelistas franceses, y en las palabras iniciales que escribió en sus novelas más destacadas. En 1915, un año antes de su muerte, adquirió la nacionalidad británica, jurando su lealtad ante el rey Jorge V., aunque en realidad fue un peregrino del mundo, pues como él mismo reconoció: “Para poner en movimiento a un escritor se requiere un intrincado mecanismo social”.

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