Lolita

Una obra clave, referente en nuestra cultura, una obra que dio nombre a una forma de belleza. Una novela escrita por un maestro de la literatura. Pero también una obra polémica, criticada y censurada al mismo tiempo que leída e imitada.

Algunos amigos vieron sobre mi mesa de trabajo el libro y me preguntaron, guiñándome un ojo, con picardía: trae fotos?
Amigos, el libro no trae fotos, ni nada de sexo explícito (por lo menos hasta donde yo leí). Así que si alguien intenta leerlo como literatura erótica saldrá con las manos vacías…

Lolita, la obra mas importante del escritor ruso Vladimir Nabokov (emigrado a Los Estados Unidos en plena época de la guerra fría), es una novela llena de ideas estimulantes, inteligencia, humor, escrita con una prosa fluida, compleja pero ágil, por momentos deslumbrante…

La novela trata de la relación entre un hombre maduro y una adolescente de doce años.
Humbert Humbert es el nombre del personaje que en su infancia tuvo una fugaz (pero eterno) y abrasador enamoramiento por una niña que murió repentinamente y desde ahí ha quedado prendado de la belleza de las nínfulas.
Al llegar a los Estados Unidos, H. H. conoce a Charlotte y a su hija Dolores, a quien llaman Lolita. El personaje de Nabokov, con la misma habilidad que usa el autor para envolvernos a nosotros, envuelve a la viuda Charlotte con quien se casa. Todo esto con la secreta finalidad de estar más cerca de Lolita a quien Humbert desea ardientemente, de ahí en adelante se suceden los hechos.

Quizá el mérito fundamental del libro esté en mostrar algo que está escondido por la hipocresía de nuestra sociedad: las muchachas jóvenes, las adolescentes, son hermosas también para los hombres maduros.
(Cabría pensar que esto se debe a que nuestra cultura nos bombardea con imágenes de adolescentes semidesnudas, pero basta con asomarse a la historia para ver que esto fue siempre así: las princesas son más codiciadas que las reinas…)

suelyon1.jpgLa novela fue publicad por primera vez en 1955, y según palabras de Onetti estaba destinada a ser un éxito de ventas. Porque, entre otras cosas, no hace más que echar luz sobre algo que está subyacente en toda nuestra cultura y particularmente en la norteamericana, donde la belleza de las adolescentes y el poder de los hombres, se erigen como símbolos, de la misma dimensión que la estatua de la libertad, la bandera con estrellas o las torres gemelas…
Las mujeres cuando son adolescentes están en el ápice de su belleza, y los hombres vemos eso, y los hombres maduros también lo ven y en ellos el deseo sexual sigue presente.
La cuestión pasa por el control, el control para someter el deseo a la realidad (léase por “realidad” los otros, el respeto por los otros, la empatía, etc.). La gente (cuerda, normal, etc) no hace lo primero que se le viene a la mente (pero el hecho de desear a una adolescente ya es un problema? (porque ese control sobre los deseos no implica aniquilar el problemático deseo)).



Por otra parte, por más que le busquemos complejas explicaciones (excusas) hay que decir que quien escribió esta novela (el señor Vladimir Nabokov) era un pederasta, por más que el premio Nobel lo negara (cosa que también hacía su personaje Humbert Humbert en la novela).
Algo entre admirable y escalofriante es que Nabokov escribe tan bien que hace parecer la pedofilia como una cosa muy divertida.

La novela, al estar tan maravillosamente escrita nos hace ver a ese pervertido como un personaje encantador y simpático, además de inteligente. Y la prosa de Nabokov es capaz de convencernos que una niña de doce años es una especie de ninfómana.
Porque en la novela de Nabokov, Lolita solo tiene doce años… algunos lectores argumentarán que si Lolita tuviera diecinueve y el hombre treinta, una relación entre ambos no sería algo que llamara tanto la tensión.
Ahora, si habláramos de dieciocho y cuarenta… y si habláramos de diecisiete contra cincuenta…
Ése fue mi problema con el libro: me dio asco y no lo pude terminar…

1167241751_0.jpgUn párrafo aparte merece el propio Vladimir Nabokov, un hombre interesante como casi todos los genios (aunque algunos no los son). El señor Nabokov, a parte de estar absolutamente en contra del modelo soviético, de residir en varias partes del mundo, de ser profesor, ajedrecista, entomólogo (cazador de mariposas), tenista y traductor, fue uno de los novelista más importantes de su tiempo. Pero si bien era un hombre de una poderosa inteligencia que se manifestaba en casi todo lo que hacía, tenía un punto débil que era el lenguaje oral, tanto es así, que casi no concedía entrevistas, sino que exigía que le dieran por escrito las preguntas a las que él también contestaba por escrito. (Alguna vez dijo: “Pienso como un genio, escribo como un autor y hablo como un niño”).

Algo que parece una paradoja es que este irreverente ruso haya sido quien creó este personaje (me refiero a Lolita) que es tan (norte) americano. Es como si Nabokov fuera el príncipe que vino a despertar a la princesa que se hallaba dormida, y que despertó en la forma de un fenómeno que irrumpió en el cine, en la televisión, y sobretodo en la publicidad.
Lolita ha sido llevada al cine dos veces, una en 1962, por Stanley Kubrick con la actuación de James Mason (el de Helter Skelter), Shelley Winters y Sue Lyon. Y la otra, en una película de 1997 dirigida por Adrian Líen, en la que participaron Jeremy Irons, Melanie Griffith, Frank Langella.
Ambos films no le llegan ni a los talones a la novela.

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