Mis 5 novelas favoritas

Es probable que una nueva lista de las mejores obras literarias no diga nada nuevo acerca de las tendencias en cuanto a valoración de obras literarias. Pero quiero aclarar que mi lista no pretende señalar las mejores obras literarias que se hayan escrito “en todos los tiempos”, ni tampoco las mejores de todas las que he podido leer (que no es todo lo que se ha escrito en la historia de la humanidad, ya que leer tal cantidad es una hazaña imposible de lograr).

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Lo que mi lista quiere compartir es algo más simple. Son mis obras favoritas respecto a las novelas de autores de la cultura occidental. No menciono la literatura Oriental porque salvo la obra de Yuan Chen, Las mil y una noches y los clásicos de la India como el Ramayana es poco lo que todavía puedo mencionar. Y es una salvedad importante de tener en cuenta, incluso para las listas de los eruditos en literatura.

Explico un poco más este concepto. Por conocimientos literarios puedo argumentar que una novela está bien construida, sólidamente narrada y con anécdota memorable. Pero me puedo encontrar con otra obra que puede fallar en su construcción o narrativa y sin embargo gustarme más que una obra mejor acabada. ¿Es eso posible? Por supuesto que sí. Pongo el ejemplo de las comidas para que se me entienda. Puedo reconocer a una ensalada de verduras como una mejor comida que los helados. Es más nutritiva, balanceada y en suma ayuda a nuestra salud. Lo sé por datos comprobables que todos reconocemos como buenos y, sin embargo, me gusta más el helado.

¿Se entiende? Reconozco que la ensalada es mejor comida que el helado. Pero prefiero el helado. Y esto porque el gusto o la preferencia por algo son subjetivos y no tienen nada que ver con lo que racionalmente reconocemos como bueno.

Igual pasa con las mujeres. Pueden decirme que las mujeres delgadas y altas son más sanas y de mejor aspecto según la moda imperante. Pero por historia personal, influencia de factores externos durante mi educación y un largo etcétera puedo gustar más de las gorditas bajitas. Creo que ya me entienden.

Volviendo a la literatura, es probable que reconozca al Ulises de Joyce como una obra innovadora, trascendente y solidamente escrita. A pesar de ello, me gusta más “El hombre que fue jueves”. ¿Por qué? Debido a que la valoración racional y académica de una obra no tiene nada que ver con el impacto emocional o afectivo que nos causa esta. Y esto último es lo que determina las obras “favoritas”. Categoría muy distinta a las “mejores”.


Según Jorge Luis Borges los clásicos de la literatura son aquellos que por una razón inexplicable gustan a generaciones de lectores a través de los años.

Después de extenderme en esta explicación, necesaria para entender mi selección de las favoritas, paso a enumerar los criterios que me llevaron a determinar cuáles son mis obras preferidas.

En primer lugar cuenta la relación que tienen con mi propio carácter y mi visión personal del mundo. No soy un hombre que guste de las clásicas situaciones realistas en las que uno se descubre como un títere de las fuerzas del destino y solo puede desempeñar el papel asignado con resignación. Dicho en otras palabras: el realismo que presenta a los hombres como seres mediocres atrapados en un mundo que no entienden y que los condena a perder siempre. Tengo amigos que son fanáticos de obras que reflejen la vida del perdedor nato. Lo llaman realismo y por ello lo consideran mejor.

Borges estaría indignado con esos lectores que sobrevaloran un “realismo” mal entendido. En mi caso particular y tratando de ser muy sencillo declaro que no me gustan las obras en las que se retratan vidas o situaciones en las que no hay nada sobresaliente. Para eso contemplo uno de los días comunes que todos tenemos y no leo nada.

Claro, la propuesta del realismo es extraordinaria y es imposible admirar la calidad de obras como las de Tolstói, Henry James, etc. Pero uno siempre tiene preferencias.

Lo que busco en la literatura y en mi vida son las situaciones extraordinarias. Aquellas que se nos quedan grabadas en la mente y definen nuestra personalidad. ¿O me va decir, estimado lector, que usted recuerda lo que sucedió o pensó hace tres días al abrir la puerta de su cuarto de dormir? Si no hubo nada extraordinario su memoria ya lo debe haber desechado. Seamos honestos, así funciona la mente humana.

Pero pasemos a las obras que considero extraordinarias y son mis favoritas. Primero mencionaré a una obra del tipo que relata un hecho extraordinario enfrentado por un hombre extraordinario, “Don Quijote”. Esta novela puede ser considerada “realista” al compararla con las novelas de caballería. Pero las aventuras del caballero de la triste figura son extraordinarias por el empeño que les ponía el protagonista en imaginar la situación imposible.

Por otro lado, también me gustan esas historias en las que los protagonistas se pueden identificar con seres ordinarios… envueltos en situaciones fuera de lo común. Las aventuras o desventuras de hombres que se enfrentan a una serie de sucesos extraordinarios me entusiasman más que aquellas en las que superhombres o seres notables se enfrentan a la peripecia. Si son seres magníficos me cuesta identificarme con ellos. Prefiero personajes que duden, teman y sin embargo se esfuercen por vivir la aventura. Un ejemplo clásico “La Invención de Morel” de Bioy Casares.

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Otra característica que destaco en una obra literaria es el sentido del humor. Las obras pesimistas y sombrías no se corresponden con mi manera de ver la vida. Por lo tanto, a pesar de lo bien escritas que estén las obras de carácter triste, siempre preferiré las obras que contengan algo de humor. ¿Por qué? Por la identificación que uno siempre agradece en las obras que lee. Por ello, una novela con humor siempre me gustará más que una depresiva. Caso a mencionar la entrañable y llena de peripecias e intrigas policiales “El hombre que fue jueves” de Chesterton.

 

Finalmente puedo mencionar el momento en que uno lee las obras, como otro criterio para seleccionar mis obras favoritas. Si la obra es leída cuando uno está pasando por un momento verdaderamente feliz. La obra será recordada con mayor agrado y tendrá un lugar especial en nuestro corazón. Por lo tanto será nuestra favorita. Ojo, estamos hablando de las favoritas, no de las mejores. Con esta característica puedo mencionar al Guardián entre el Centeno” de Salinger.

Hay muchos otros criterios, pero he señalado algunos de los más importantes para mí. Entonces y para no explayarme más, les comparto mi lista de 5 favoritas. Ya las he mencionado, pero ahora las pongo en orden de preferencias:

  1. El Hombre que fue Jueves
  2. Don Quijote
  3. La invención de Morel
  4. El guardián entre el centeno
  5. El amor en los tiempos del Cólera

Como toda lista de favoritas, es subjetiva y puede variar con el tiempo de acuerdo a mi estado de ánimo. Pero estas son las que ahora puedo llamar mis favoritas. No he dedicado muchas líneas a mi quinta favorita. Pero los motivos de mi preferencia por ella son muy sencillos: me gustan los personajes comunes que se enfrentan a una situación extraordinaria (Florentino Ariza frente al amor platónico), el humor caribeño y la gran razón: soy un romántico. Claro todos tenemos nuestra propia lista de novelas favoritas y lo mejor que podemos hacer es compartirla. Si lo hacen, descubrirán que muchos ocultan sus novelas favoritas para mencionar en su lugar a aquellas que gozan de gran aceptación crítica. Comprenderán entonces que nombrar a la “favoritas” y no a las “mejores” es un ejercicio más honesto.

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