Soneto 465 a Lisi de Quevedo: sufrimiento del amor cortés

El soneto 465 a Lisi de Quevedo muestra lo doloroso que resulta asumir el amor cortés como contemplación ya no de la amada sino de su retrato. El yo poético subordina todas sus fuerzas a la exhaltación de su amada pero es frustrado por la indiferencia de ella, sin embargo pretende estar presente en Lisi aún como rechazado para probar el virtuosismo de su amor.

Francisco de Quevedo y Villegas (1589-1645) representa a la escuela conceptista con una obra más extensa que sus antecesores barrocos porque tocó diversos géneros como la novela, política, moral, épica, poesía, la fantasía satírica y los sueños. Quevedo no quiso ser oscuro como Góngora sino ingenioso, al estimular en el lector el deleite indagatorio en la dificultad, la sutileza o en la contemplación del objeto. Gran parte de la obra de Quevedo es satírica y burlesca, trabajada a nivel de desvergüenza, empleando el lenguaje popular, la germania o jerga del hampa, y palabras de la más cruda grosería. Se conocen “los chistes de Quevedo” más que su poesía de tono elevado, amorosa. El soneto 465 de los poemas a Lisi, es ejemplo del amor cortés, que busca cultivar un amor ideal por relaciones virtuosas ya que entregarse al amor carnal era suspender las reglas de este juego. Quevedo ridiculizó el amor cortés en su poesía burlesca pero lo elevó en su poesía seria, el quiso llenar un vacío espiritual en el amor cortés pero sufrió por ceñirse a un código que consideraba absurdo. En este poema, el poeta quiere asegurar la virtud de su amor por el sufrimiento del desdén de su amada que le compensa como una fuerza ennoblecedora, su meta es el deseo insatisfecho, se desgarra por el desprecio de Lisi pero a la vez se consuela en él, pues al menos ella lo conoce.

Recreación de Lisi: El soneto 465 tiene una aguda red de impresiones sensoriales en torno a la belleza de Lisi, el relicario de oro en la sortija de Quevedo es una breve cárcel para su amada, representada en un retrato a miniatura. Lisi es enunciada por hipérboles como “grande imperio del amor” pues se siente subordinado a ella, “todas las indias en mi mano” o las riquezas del nuevo mundo contenidas en su ser, el poeta se siente satisfecho en su deseo cortés, siente que lo colma porque lo aproxima a ella. Es para el “campo que pacen estrellado, las fieras altas de la piel luciente” las fieras que representan las constelaciones, son seres míticos y animales que no se dejan domesticar, sin embargo son sumisos ante la belleza de Lisi, pues se quedan pastando. Ella está caracterizada por la belleza de las piedras preciosas, rubíes y carmesí el rojo de su boca, perlas sus dientes, auroras el rubio de sus cabellos y presunción de cielo porque el poeta la considera celestial o angelical, es también esperanza del poeta de ser salvado por el amor, de merecer al final a su amada. Quevedo rinde culto a su amada contenida en un relicario.


El desdén de Lisi: El poeta sigue sufriendo el desdén de su amada aún viendo su retrato, el soneto contiene una queja y expresa el estoicismo de Quevedo, de acuerdo a su concepción del amor cortés. La amada es centro conceptual del poema, el deseo y martirio por su amor son ideas que se comunican con este centro poético. Quevedo trata de conformarse con el retrato pero esto aumenta su angustia y sufrimiento. Las acciones de Lisi son representadas por hipérboles, su desdén está actualizado como “sonoro yelo” que enfrían el ánimo del poeta más no la dirección de su eros que sigue inmutable. La risa de Lisi, le encanta pero le hace daño, tienen efecto como “relámpagos de risa carmesí”, se siente despreciado por la risa, o siente que esa risa es difícil de ganar para satisfacer su eros. El yo poético está empequeñecido ante el desprecio o ante la indiferencia de la amada, estos relámpagos “razonan tal vez fuego tirano” su voluntad está subyugada por la acción cruel de su amada, su insistencia en ella refleja una crisis existencial, busca como consecución de su eros a una persona que no le corresponde, refleja obstinación, el fuego es sentido por él en la terquedad de su deseo y es emanado por ella como forma de tortura, de reducción de su vitalidad pues se consume en el deseo. Estos “relámpagos” son metáfora para el movimiento de los labios de Lisi al reírse,  hay una aliteración (efecto expresivo de distribuir especialmente los fonemas para su reiteración, contraste, o matizar su significado en un verso de la estrofa) con el color de la risa carmesí, se repiten las erres para intensificar las cualidades sonoras de la imagen cinética de los relámpagos. La risa es un bien lejano, el yo poético no ríe, el rojo es color del amor de la pasión que está desbordada en la aspiración de Quevedo, pero frustrada y contenida por el desaire de Lisi. La vehemencia del anhelo de Quevedo se vuelve contra él, no la modera, la desborda en una sola dirección, hacia Lisi, pero solo a su retrato, el cual contiene una imagen muy pequeña para asimilarlo. Aunque el poeta no lo expresa, el desborde de su eros le hace ver que la imagen de Lisi no es la propia Lisi. La dualidad yelo (hielo) / fuego es una conceptualización del amor cortés como ardor del deseo del amante por la frialdad del desdén de la amada. Paradójicamente el amor cortés es enardecido por el desprecio. Esta dualidad hielo / fuego se debe al hecho de que los poemas amorosos de Quevedo son insatisfactorios, esto lo patentiza en la idea del “dulce martirio” un suplicio auto infligido, una exacerbación del sufrimiento por la frialdad de la amada, con la resignación a soportar todos los estragos que implica, principalmente a nivel emocional y volitivo.

Conclusión: Quevedo lleva al yo poético en el soneto 465 a Lisi a asumir dolorosamente las muestras de desdén de su amada, resignándose a contemplar su retrato en miniatura dentro del relicario de una sortija. Para el poeta es importante destacar la belleza de su amada como dones a los que aspira tras demostrar la virtud de la paciencia de su amor. El código del amor cortés se recrea como una tendencia a dejarse consumir por el sufrimiento, ya que toda expresión de despliegue del eros del poeta está destinada a la contemplación de la imagen de su amada, este desgaste motiva su queja y juzga las palabras de desdén y la risa de Lisi como un hielo que quema, su actitud enfría el alma del poeta pero enardece su deseo, que aumenta y lo castiga por la valoración en hipérbole de los atributos y el poder de dominio de Lisi sobre él.

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