‘The Spirit’, de Will Eisner

The Spirit se publicó como suplemento de prensa de 1940 a 1952. Detrás estaba la mente inquieta de Will Eisner, uno de tantos jóvenes artistas que intentaban triunfar con el último éxito de masas, los cómics

Lo mejor de The Spirit

Cuenta Neil Gaiman en la introducción al tomo recopilatorio ‘Lo mejor de The Spirit’ (Norma editorial) que se encontró por primera vez con este cómic en los años setenta, en una venta de segunda mano. El contraste vanguardista de su trazo y entintado le impulsó a adquirirlo enseguida, pero cual sería su sorpresa al descubrir que era un cómic antiguo de tres décadas. Y aún perduraría como pionero: Darle alcance le costó al mundo literalmente sesenta años.

The Spirit se publicó como suplemento de prensa de 1940 a 1952. Detrás estaba la mente inquieta de Will Eisner, uno de tantos jóvenes artistas que intentaban triunfar con el último éxito de masas, los cómics. Como tantos otros, era descendiente de judíos europeos, ampliamente autodidacta y trabajaba de manera prácticamente industrial, sin apenas derechos sobre su creación. Con The Spirit Eisner cambiaría dos cosas: la forma de entender el cómic, y la forma de ganarse la vida con ello.

A finales de 1939 ofrecieron a Eisner suplir a los periódicos, que buscaban una manera de combatir la popularidad de los comic-book, con una historieta de 16 páginas fijas. La condición era crear un superhéroe con traje, pero Eisner estaba harto de ellos, él quería un detective. Así que le puse un antifaz. – contaba – ¡Ahí tenéis el traje! Además cedía el copyright del personaje al editor, como era el uso, pero obligó a certificar que era su propiedad intelectual. No fue un gesto baladí. Ese mismo año Jerry Siegel y Joe Shuster creaban a Superman, y jamás llegarían a ver un céntimo por derechos de autor.


¿Quién es Spirit? En otra vida era Denny Colt, joven e impetuoso criminólogo de Central City. En su afán por impresionar al comisario Dolan, Colt intenta detener en solitario al demente Dr. Cobra. Pero las cosas se tuercen, Colt es intoxicado por un fluido experimental y dado por muerto. Horas después resucita en el cementerio Wildwood, que desde entonces será su base secreta, y aprovecha su anónima segunda vida para convertirse en vigilante. Sólo Dolan conoce su verdadera identidad, y lo mantiene como colaborador oficioso de la policía.

Una introducción a la clásica usanza de la Edad de Oro del cómic americano, que pronto rompe con lo establecido. Eisner rápidamente se rebela contra la coerción de la narración secuencial en viñetas consecutivas. Él concibe la página entera como unidad narrativa, compone retablos que el lector sigue por pura intuición visual. Rompe con el corsé de los iconos. Sus personajes se mueven libremente, le basta el contraste de fondos neutros con las sombras para distribuir el relato y crear, de paso, una desconcertante sensación de profundidad.

Tampoco se acomoda Eisner a las tramas esquemáticas y maniqueas, como son la de Dick Tracy o las del Batman de Bob Kane. La libertad de trazo impone igualmente una multiplicidad ecléctica de temas, de lo dramático a lo cómico, e incluso lo poético. Spirit, con sus macizas hechuras a lo Rock Hudson, encaja igual de bien el papel de héroe sombrío y recto como el de resabiado con un truco en la manga. Y, muy frecuentemente, el de patán. No es raro que a Spirit le tomen el pelo, sobre todo si hay coqueteo de por medio.

Y lo mismo vale para sus rivales. No es raro que el presunto villano cambie repentinamente de bando o se redima con un gesto insospechado de nobleza. Igualmente, el peor asesino puede ser un personaje inocuo con un repentino viraje psicológico. A menudo Spirit queda en un segundo plano mientras el narrador se interna en la mente de los conflictos que agitan a la hormigueante masa ciudadana de Central City. Es un interés por las historias complejas y corales que Eisner desarrollaría en su plenitud en sus obras dedicadas a Nueva York, entre las que destaca la conmovedora ‘Contrato con Dios’.

Todo en Spirit tiene una vuelta de tuerca, un doble fondo inesperado. El propio Spirit parece dejarse llevar por el azar, que le maneja más o menos a su antojo. Lo mismo puede decirse de sus fabulosas y memorables mujeres. Sand Saref, la ladrona, el amor de juventud; Satin Silk, la espía, el amor imposible; P’Gell, la vampiresa, la amenaza para el pudibundo héroe… Cortadas según el patrón del celuloide clásico, con nombres y curvas imposibles, son el arcano contra el que siempre se estrella Spirit. Su fuerza, astucia y sentido de la justicia no vale de nada contra ellas: le aman, le traicionan, le salvan y le rompen el corazón.

Un personaje curioso es el de Ebony White, el primer ayudante de Spirit. El nombre ya da un indicio de qué clase de parodia es. Se basa en los blackface, un número cómico en el que actores (blancos o negros) se embadurnaban de betún el rostro y se pintaban los labios para ridiculizar a los negros con estereotipos sureños, como la inmadurez o la simpleza de mente. Así Ebony, con toda su buena voluntad, es un negrito torpón de pocas luces. En un momento dado el papel de ayudante lo pasa a desempeñar Sammy, un muchacho blanco no mucho más espabilado que Ebony. Como contrapunto racial positivo, Eisner introdujo al detective negro Gray.

Will Eisner no estuvo solo en la aventura editorial de Spirit. Contó con un buen número de artistas y asistentes entintadores, y tuvo varios autores trabajando de ‘negros’ para mantener la publicación (entre 1942 y 1945 Eisner fue llamado a filas). En 1948 fundó la American Visuals Corporation, diversificando su taller de artistas para atender a encargos educativos y corporativos. Eisner se dedicó a la ilustración industrial hasta los años 70, en los que regresaría a la ficción con su ‘tercera etapa’: las novelas gráficas.

Hoy en día es fácil rastrear la influencia del maestro Eisner, desaparecido hace ahora cuatro años. Ya hemos mencionado a Neil Gaiman, pero autores como Alan Moore o Dave Gibbons le rinden todavía sincero homenaje. Aspectos de su vida y obra inspiraron la excelente novela de Michael Chabon, ‘Las asombrosas aventuras de Kavalier & Clay’. Pero sin duda el discípulo aventajado de Eisner es Frank Miller. La estética y la narrativa de ‘Sin City’ entronca con The Spirit, depurado y estilizado al máximo, y despojado de su festiva inocencia. Mantendremos un piadoso silencio sobre la adaptación de la obra llevada al cine por el propio Miller.

Lo mejor de The Spirit
Will Eisner
Norma Editorial, 2009, 185 páginas

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