Arnaldo Calveyra, poeta de la tierra

El autor de ‘Diario de Eleusis’ y ‘El hombre del Luxemburgo’ murió el pasado jueves en su domicilio de París a los 85 años de edad.

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El pasado jueves murió en su casa de París el poeta argentino Arnaldo Calveyra a los 85 años de edad. Vivía en la Ciudad del Sena desde 1960 pero sus obras son un constante recuerdo a su tierra natal de Entre Ríos. Allí, concretamente en Mansilla, había nacido en 1929 y con sólo trece años se trasladó a Concepción de Uruguay para estudiar, formación que completaría en la Universidad de La Plata, donde por cierto haría trato con otra futura personalidad de las letras argentinas: Rodolfo Walsh.

Poco después y gracias a una beca se instaló en París, ciudad en la que residiría hasta su muerte. De hecho y aunque siempre escribió en castellano, fue conocido en Francia antes que en su país, donde empezaron a estudiarse sus obras hace unos veinte años.

Por todo ello, puede resultar paradójico que -como decíamos- la poesía de Calveyra sea un constante recuerdo idealizado de su tierra natal de Entre Ríos. Así se aprecia ya en su primer poemario, ‘Cartas para que la alegría’, al que siguieron otros como ‘El hombre del Luxemburgo’, ‘Libro de las mariposas’, ‘Iguana, iguana’ o ‘Diario de Eleusis’. Cultivó también la narrativa. Nos ha legado volúmenes de relatos breves (‘Los orígenes de la luz’) y novelas como ‘La cama de Aurelia’. Y completó su creación con el teatro, para el cual escribió ‘El diputado está triste’, ‘Latin american trip’, ‘Cartas de Mozart’, ‘Moctezuma’ y ‘La selva’.

Actualmente se considera a Calveyra uno de los grandes poetas de Hispanoamérica. Sin embargo, el reconocimiento le llegó antes en el país de adopción que en el suyo propio. Francia lo distinguió como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. En cuanto a Argentina, la Universidad de Entre Ríos ha publicado su ‘Teatro completo’ y, durante la Feria del Libro de Buenos Aires de 2013, fue una de las figuras destacadas.

Precisamente aprovechó su estancia en el país para arremeter contra la corrupción gubernamental (en todas partes “cuecen habas”). Y es que Calveyra ejercía de escritor las 24 horas del día. Es curioso que llevase siempre consigo una pequeña libreta donde iba apuntando las ideas que se le ocurrían en cualquier momento. La editorial platense Adriana Hidalgo publicó no hace mucho su ‘Poesía reunida’, un magnífico volumen muy apropiado para empezar a leer sus textos, compuestos en un lenguaje sencillo y musical que rebosa autenticidad. Descanse en paz.

Vía: ‘Clarín’.

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