Cantar triste, de Emilio Prados, heredero de Juan Ramón Jiménez

Una de las principales influencias sobre los poetas de la Generación del Veintisiete fue la de Juan Ramón Jiménez. Ésta se aprecia especialmente en la lírica de Emilio Prados por su carácter íntimo y, sobre todo, por un riguroso trabajo de depuración poética. De todo ello es buena muestra ‘Cantar triste’.

Es conocida la común admiración por Góngora de todos los poetas de la Generación del Veintisiete pero, en buena lógica, estos creadores también recibieron influencias más cercanas. Entre ellas, es imprescindible citar la de Juan Ramón Jiménez, sobre todo en lo que respecta a trabajar la palabra en busca de su esencia primordial y, a la vez, de toda su riqueza expresiva.

De todos ellos, probablemente en quién mejor se aprecia este magisterio es en el malagueño Emilio Prados (1899-1962), al que injustamente se ha considerado un poeta menor dentro del grupo. Quizá es inevitable cuando se pertenece a una generación lírica tan extraordinaria pero a ello también contribuye el carácter íntimo y existencial de su obra (exceptuando una breve etapa).

Foto de Málaga

Una vista de Málaga, ciudad natal de Emilio Prados

En Prados se da, además, otra circunstancia importante: habiendo recibido una imprenta de su padre, se convirtió en el editor de muchos de sus colegas e incluso publicó revistas donde éstos pudieron dar a la luz sus composiciones. La más importante de ellas fue, posiblemente, ‘Litoral’, que en sus tres años de vida realizó una extraordinaria labor de difusión poética. En cuanto a su obra propia, aunque presenta una etapa surrealista y otra política, la inmensa mayoría de ella muestra dos rasgos fundamentales.

El primero es el gusto por las formas populares y el segundo –y más importante- el citado magisterio de Juan Ramón Jiménez, que se traduce en un riguroso trabajo de depuración de la palabra hasta dejarla “terminada de cuido y de belleza”, según su propia expresión. El resultado es una lírica que, a veces, resulta de difícil comprensión y ello no a causa de rebuscamientos barrocos sino por una intencionada densidad y por lo íntimo de sus temas, de profundo contenido existencial.

Buena muestra de todo ello es la composición titulada ‘Cantar triste’, en la que, como una amarga queja ante la vida, retumba el estribillo “no quería haber nacido”. Y junto a ello, destaca la presencia de imágenes bellísimas: una estrella es “¡bella lágrima de estío!” o la Luna se convierte en “fina luz de cuchillo”. Bajo una aparente sencillez que oculta un arduo trabajo de condensación poética, Prados nos habla de un tema tan universal y atemporal como la insatisfacción ante la vida. En suma, una bella composición que revela el carácter íntimo de la lírica del poeta malagueño, considerado de forma muy injusta un autor menor dentro del Grupo del Veintisiete.

Podéis leer el poema aquí.

Fuente: Poetas andaluces.

Foto: Mer de Glace.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...