‘Despertares’, de Robert Desnos

Robert Desnos escribe sobre la presencia del doble del pasado en su poema Despertares, como una suerte de desdoblamiento de su yo joven y de su yo presente, que le corta el sueño. Cuando dialoga con el yo del pasado, se da cuenta que la marcha atrás es imposible porque ya hay un proceso de evolución asumido que ha consolidado su personalidad.

Robert Desnos (París, 1900-1945), poeta surrealista que combatió a los nazis, escribe sobre el encuentro con el doble de cada ser humano en su poema Despertares, que se actualiza como imposibilidad de reconocimiento por las leyes del cambio en el mundo físico. Los cambios a los que está sujeto el ser humano ocurren en la personalidad y en el cuerpo, se debería dar relieve al registro de la memoria vital, pero en este poema, ella es frágil, resultando en la falta de reconocimiento del yo del presente al del pasado.

El doble del yo trata de entrar en el cuerpo presente, sin embargo el actual yo lo detecta y rechaza, lo juzga distinto por el peso de las vivencias que marcan las experiencias decisivas en la vida. Desnos estuvo preso en un campo de concentración nazi y murió poco tiempo después de ser liberado. En su condición de presidiario habrá sentido esta diferencia entre el yo del pasado libre, y el yo atormentado por la opresión de los nazis. El cambio en el ethos se acentúa cuando la vida ha marcado la quema de etapas.

El doble del pasado

Este personaje es llamado espía, visitante, ladrón, reflejo de nosotros en el hielo, porque está congelado en el tiempo. Evidentemente es más joven que el yo actual, pero ansía actualizarse de nuevo en una vida material, ya que su existencia corresponde a la evocación. Sin embargo para que pueda espiar al yo del presente, se aparece al cortarse los sueños, entrada la noche, a modo de desdoblamiento o proyección del cuerpo fuera de la envoltura física, pero con distintos tiempos.

El poema no puede sostener la tesis de un odio a la personalidad del pasado, es una constatación de la imposibilidad de retroceder en el tiempo, por hallarse inmerso en el curso de la vida. Ambos, el yo del pasado y el del presente son concientes del cambio, que ocurre en el ethos, por una evolución producto de la maduración. El yo poético no va a poder reconocer un ethos que ya no le es funcional ni práctico; no es un borrón de la memoria que impida que el yo enunciador olvide sus rasgos en el pasado.

Es muy humano tener nostalgia del pasado, querer seguir pareciendo joven, sin embargo en la personalidad hay cambios que se tienen que asumir seriamente e impiden dar una marcha atrás. Justo ahora que la sociedad condena al hombre maduro, por prejuicios consumistas, este poema plantea lo contrario, la censura a la inmadurez, cuando ya se está con un ethos definido. Desnos escribió con seudónimos contra los nazis, hecho que motivó su arresto por la Gestapo, sin embargo mantuvo su ethos en prisión.

El despertar

Cuando el yo poético despierta sobresaltado por sentir a su doble, se da cuenta que este visitante es como un fantasma, un sueño o la suma de antiguas imágenes suyas. Todo lo que él ha vivido se repite en otro que el ya no reconoce. Despertar es asumir el presente, reconocer que el pasado es una ilusión, que suma situaciones irrepetibles sujetas a circunstancias que no se van a repetir idénticamente. Por la época del poema, no hay tanta presión por la madurez como ahora, pero sí la enuncia.

Hoy el mundo bajo el influjo de presiones comerciales, pretende prestigiar más a los jóvenes que a las personas de experiencia. Hubo incluso un auge de las cirugías para eliminar arrugas, pero hoy se ha pasado al yoga facial, como un atenuante natural del envejecimiento. Incluso en algunas universidades, profesores anti pedagógicos hostilizan a los alumnos que están en sus treinta, sean hombres o mujeres, como si la universidad no fuese un espacio de dialogo y perfección libre para todas las edades.

El paso del tiempo es lo que hace despertar al yo poético, la emergencia de su madurez como un perfeccionamiento asumido, que es más completo que su periodo de formación o aprendizaje en el pasado. La evolución se asume por el progreso y también por la contingencia, todo lo que suma vivencias es imborrable. El yo del pasado es más simple que el del presente, más esquemático quizá, pero no por ello despreciable. Incluso los poetas maduros y ancianos, difícilmente reniegan de sus inicios en la poesía.

La actualización del yo

Si estuviera viendo una obra narrativa, como una novela de aprendizaje, veríamos que el héroe antes inexperto, al completar su aprendizaje adquiere particularidades y saberes que harían muy desventajoso volver a su posición inicial. No hay forma de desaprender lo que está acumulado en el tránsito de la vida, se puede mejorar el conocimiento para salir del error, sin embargo lo que es correcto y sirve para cumplir el rol del hombre en su vida no puede desactivarse ni desecharse.

En este poema Despertares de Desnos, el aprendizaje ya ha sido terminado, lo que hace al yo poético dueño de su ser. Las etapas vitales se separan en compartimentos estancos, aunque tengan el vaso comunicante de la memoria, que Desnos pone en duda, por el cambio de la juventud a la madurez. Los dos yos están escindidos por el conocimiento, el yo maduro aventaja en experiencia al joven, sin embargo en las imágenes acumuladas se mantiene la sinergia o el todo más importante que las partes en la historia de vida.

Actualizar el propio ethos no supone despreciar el pasado, sino asumirlo como una etapa a la que no se puede volver por los cambios que han marcado la consolidación de la personalidad. Mientras el pasado es regresión, el presente se proyecta al movimiento del futuro, tratando de mantener la constante del ethos para predecir un curso regular de eventos en el devenir de la existencia. Hay una solo identidad del yo que no se niega ni en el pasado, pero el poeta quiere ser consecuente con su evolución en la vida.

Conclusión

En el transcurso del tiempo, el yo del presente guarda memorias de la configuración que tuvo en el pasado en ethos y forma, pero lo que ya no reconoce son las limitaciones a las que estaba sujeto en su juventud por su falta de conocimiento. El yo poético reconoce concluido tiempo atrás su periodo de aprendizaje, negando la posibilidad de una regresión al ethos pasado. Se impone la evolución de la personalidad como la razón de ser de la existencia y modo de afianzarse en el mundo.

Lectura del poema | ‘Despertares’, de Robert Desnos

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